Mi experiencia en la Fundación Argia
Enviado por: Usuario de la Fundación Argia
Sinceramente, desde que entré a la Fundación, hace ya más de 3 años, me encuentro mejor. A nivel personal, mi ingreso en la Fundación me ha supuesto tal vez el reto de mi vida más difícil. Esta mejora la debo al tratamiento médico que llevo, incluida la medicación que tomo día a día.
A pesar de la enfermedad, en mi caso esquizofrenia, ella misma te permite alcanzar un grado de auto superación nada desdeñable, hasta el punto que -según creo- la curación es posible.
Confieso que mi vida en general, al día de hoy, es “conducida” por la propia Fundación. La curación ha de llevarse de una forma integral, que se traducen, principalmente, en las actividades varias que realizo en el Hospital, en el Club de Tiempo Libre EVASIÓN y en el Piso.
Yo en mi caso he evolucionado y avanzado gracias también a mi perseverancia. Tengo un deseo natural de curarme. Trato de poner lo mejor de mí mismo. Me atrevo a decir que he mejorado como persona. Soy más tranquilo, más consciente de las cosas y de las personas.
Me imagino que las limitaciones son las que tiene la propia persona.
Sí, es verdad,que hay ciertas limitaciones en esta enfermedad para la persona que la padece hasta el punto de que hay extremos. En mi caso, he sido muy dejado a veces en mi higiene hasta el punto de no ducharme, ropas sucias, etc… Pero gracias al tratamiento que he recibido, ahora he ido mejorando todos estos aspectos.
Cuando me ingresaban también era por otro extremo: la euforia. De tal modo que mi razonamiento era de un tanto por ciento pequeño mientras que mi inventiba era mayor, producida por mi mente, que solo era producto de mi enfermedad, influyéndome notablemente en mi físico. Al principio, al recuperarme de estas crisis, me sucedía todo lo contario, entraba en una depresión. Apenas hablaba, estaba negativo, sin ganas de nada y me refugiaba mucho en la cama, sin apenas salir de ella, sin quedar con la gente, ni apenas relacionarme con nadie.
Oigo voces y veo imágenes
Tengo otros síntomas permanentes: oigo voces y veo imágenes. Las voces no las oigo cuando duermo o cuando hablo, las imágenes no las veo cuando duermo.
Al principio de mi enfermedad, durante un tiempo, pensé que era telépata, oía las voces como si hablara por teléfono distorsionadamente. Pero poco a poco aprendía a discernir hasta llegar a saber que lo que oigo y veo son sólo dos síntomas producto de la enfermedad de mi mente, dos síntomas que reconozco tienen el poder, a veces, de hacer que me crea lo que veo y lo que oigo, es decir, como dicen los psiquiatras y los psicólogos, estos síntomas influyen sobre la persona que los padece. Por ejemplo, debo de decir que parte de lo que acabo de contaros me lo han dicho ellas, son más rápidas que yo hablando o escribiendo. Quiero decir que veo de todo y oigo de todo, pero hay cosas que me afectan y otras que no.
Estos síntomas, a veces, me lo han hecho pasar muy duro, pero también muy bien. Tienen sentido del humor. Son como una parte de mi cuerpo acoplada a mí.
Como ejemplo, y para acabar, os voy a contar un chiste: “Va un loco y le dice a otro: me ha dicho Dios que soy Jesucristo. Y le responde el otro: Yo no te he dicho nada.”



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