Integración social de las personas discapacitadas

El empleo con apoyo permite la inserción con garantías en las empresas ordinarias
10 de Febrero de 2009
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“Tenemos que trabajar para que cada uno elija su destino”
Aritz Zubieta en su puesto de trabajo en unos grandes almacenes
GERARDO ELORRIAGA .Cuando finalizan sus estudios en aulas de inserción escolar, los jóvenes con algún tipo de discapacidad aspiran a un puesto de trabajo similar al de sus compañeros. Pero, también con frecuencia, no pueden acceder a la oficina, la fábrica o aquel establecimiento en el que pretenden desarrollar una vida profesional.  En el 2006, tan sólo un 1% de los empleos de este colectivo se encontraba en las empresas ordinarias, frente al 44% proporcionado por los talleres protegidos. “Lo ideal es cada uno elija su destino y en ese objetivo tenemos que trabajar”, defiende María Luisa Arenas, presidenta de la Asociación Española de Empleo con Apoyo (AESE). Esta organización ha celebrado los días 5 y 6 de febrero en Bilbao su noveno simposio, un encuentro que ha pretendido mostrar la necesidad de potenciar la integración también en el mercado laboral, uno de los retos aún pendientes.

En el País Vasco existe una larga tradición de empleo en talleres ocupaciones, pero desde 1994 el programa Lan de inserción laboral se esfuerza por abrir puertas en las entidades mayoritarias. “Pero no vale ponerles en la cadena productiva y punto”, arguye. “Hay que generar estructuras de apoyo tanto para el trabajador como para la firma contratante de manera que puedan vencerse las reticencias y la iniciativa resulte exitosa”.

El proyecto forma y motiva al empleado y, además, ofrece la figura del preparador laboral, un especialista que, por una parte, apoya al nuevo operario para que sea más eficiente y, por otra, asesora a sus  jefes y compañeros en sus relaciones. Su actividad se realiza en un periodo medio de cuatro meses y, tras su retirada, suele llevar a cabo un seguimiento a distancia mediante consultas con todos los agentes implicados. También informa a la familia, para que sea partícipe de la nueva andadura, siquiera desde un segundo plano. “Se puede decir que establecemos una metodología y un itinerario personalizados”, explica Arenas.

Este proceso ha alcanzado sus mejores logros en Dinamarca y Suecia, mientras que España, como el resto de países de Europa Occidental, mantiene una situación de retraso cuantitativo y cualitativo. “No queremos decir que el empleo protegido esté mal, simplemente que no es lo más adecuado para todos. Es cierto que muchos de nuestros usuarios prefieren estar entre personas con características similares, pero otros demandan otra realidad más normalizada”, señala y apunta, entre otras consecuencias positivas, la riqueza en experiencias personales que genera la convivencia con personas diferentes.

 
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