PARKINSON
Hace quince años, cuando el grupo se fundó, los impulsores tan sólo podían animar a quienes demandaban información. “Es que no teníamos nada”, explica Begoña Díez Arrola, su presidenta. Esta enfermera, familiar de una afectada, creó la organización junto a otros dos promotores.
Al principio, las reuniones tenían lugar en iglesias y bares. Entonces, ella cubría toda la margen derecha, mientras que la izquierda era el ámbito de actuación de un asistente social que prestaba su apoyo desinteresado. Más tarde, una ayuda de la Diputación les permitió acceder a un local de treinta metros cuadrados en el que, tímidamente, comenzaron a desarrollar actividades colectivas.Desde su creación, el trabajo ha consistido en una lucha contra las barreras. Esos impedimentos han sido tanto arquitectónicos como económicos, y siempre han estado íntimamente ligados.
En el 2001 la masa social ya superaba los doscientos miembros y las limitaciones llevaron a alquilar otro más grande.Desgraciadamente, las dificultades contrarrestaban las bondades de la ampliación. Además de la carestía del alquiler, el espacio presentaba otros graves inconvenientes materiales. En la calle no había espacio para aparcar, las escaleras del edificio dificultaban el uso de sillas de ruedas, faltaban barandillas y el foso de un antiguo garaje era un riesgo añadido para los afectados por una enfermedad crónica y progresiva.
La mejor opción era buscar una planta baja y amplia, pero la necesidad de solicitar una hipoteca implicaba la asunción de tal responsabilidad por una persona física. El apoyo de BBK Solidarioa les permitió acceder a un préstamo en condiciones ventajosas, y sin la necesidad de cumplir el anterior requisito, con el que han adquirido una lonja con doscientos metros cuadrados de superficie, a pie de calle y dotada de fácil acceso para sus visitantes. Además, la fundación subvenciona y patrocina sus actividades y sobre todo, garantiza un apoyo permanente que permite la continuidad de los servicios.
No sólo a los más mayores.
Hoy, Asparbi cuenta con 450 abonados y no ha alcanzado el techo de su afiliación. “Existe el tópico de que es un mal que incide en la gente mayor y no es así”, explica su representante y señala que en la junta directiva hay una persona que tan sólo cuenta veintiocho años.
Los avances en la lucha contra este trastorno neurodegenerativo también son expuestos en charlas y un especialista se halla realizando para la asociación un estudio sobre calidad de vida dedicado a los afectados. “En suma, nuestra intención es facilitar todas aquellas prestaciones que no puede proporcionar el sistema público”, apunta.










