MANOS UNIDAS

La presidenta de Manos Unidas espera ver la disolución de esta ONGD, una de las más veteranas de España
17 de Febrero de 2009
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"Celebrar nuestro cincuenta aniversario es un gran fracaso"
Pilar Bilbao
Un llamamiento para combatir el hambre en el mundo dio lugar, en 1959, a la primera campaña de lo que, casi dos décadas después, se llamaría Manos Unidas. Aquella iniciativa de las Mujeres de Acción Católica tuvo continuidad y hoy cumple medio siglo. Pilar Bilbao, la presidente de su delegación vizcaína, aspira a que este aniversario sea único e irrepetible. "¿Otros 50 años?  Espero que no, nacimos para declarar la guerra a la miseria y, a ese respecto, estamos peor que hace diez años. Ya es un fracaso celebrarlo. La Organización para la Alimentación y la Agricultura ya ha dicho que existen suficientes recursos para todos, pero que no existe una distribución equitativa. Yo espero que llegue el día en el que hagamos una fiesta para disolver esta entidad porque ya carezca de sentido".

La Iglesia ha sido la matriz de numerosas ONG que, posteriormente, han proclamado su independencia. Manos Unidas, en cambio, mantiene sus vínculos espirituales con la institución que la impulsó. "Ahora está de moda decir que eres aconfesional o apolítico, pero yo creo que es mejor ser auténtico y decir lo que eres, así el que está delante ya sabe a qué atenerse", replica.  Sin embargo, las contrapartes con las que trabaja no son necesariamente católicas y  tampoco hacen distingos en lo que respecta a la fe de los beneficiarios de sus proyectos.

A lo largo de estas cinco décadas, tanto la dirección nacional como las provinciales han permanecido en manos femeninas y, además, en los programas aprobados, ellas siempre están involucradas "Porque llevan el peso de la sociedad", aduce. "La mujer en el Sur ve morir a sus hijos de enfermedades prevenibles y curables, y siempre revierte en su entorno todo lo que recibe. Los hombres tenéis el dinero, pero no lo dedicáis a lo verdaderamente importante, no os llama tanto la solidaridad".

La presidenta es crítica con el papel adoptado por la jerarquía católica. "Me decepcionaron cuando aceptaron el 0,7% de los impuestos", asegura. "Seré una romántica, pero me habría gustado una postura de rechazo si no se cumplía antes la dedicación de esa misma cantidad para la cooperación". No obstante, destaca la labor de algunas congregaciones religiosas. "Hemos detectado corrupción en algunas, pero nadie es perfecto y circunstancias de ese tipo sólo animan a mejorar los controles. Por otra conocemos otras que empiezan desde cero, en condiciones extremas en lugares muy difíciles".

Pilar Bilbao también deplora la manera en que la crisis económica está afectando  al sector. "No me explico cómo se puede dar tantos millones al sistema financiero cuando, con bastantes menos, habría sido posible cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio, previstos para el 2015 y ahora para el 2100. ¿Nosotros tenemos menos credibilidad?", se pregunta y lamenta que nadie alce su voz clamando por esta injusticia. "Parece que, como hay más parados, se quita la legitimidad para pedir por los otros. Pero nada tiene que ver la situación precaria que vivimos con la realidad de que 900 millones de personas se mueren de hambre. Todo el mundo lo sabe, pero lo consentimos".

Asimismo, rechaza un modelo de ONG hoy vigente. "Se antojan subcontratas de la Administración", asegura. "Sin muchos socios ni voluntarios, viven del dinero público y sí, su trabajo es legítimo, pero ¿es una labor social?". Manos Unidas cuenta con 4.500 voluntarios en el país y algo más de un centenar de profesionales, pero son los primeros quienes deciden su estrategia. Su gestora reconoce que los fondos obtenidos por la vía privada se han reducido en el último año. "Las colectas han bajado en un 20%, excepto en el País Vasco, seguramente porque aquí la gente está muy sensibilizada".

La educación y la salud, los proyectos de desarrollo y de promoción de la mujer constituyen áreas prioritarias para la organización, que también establece prioridades geográficas para sus aportaciones, siempre intentando favorecer a los más pobres. En cincuenta años han apoyado 23.000 planes. "En los últimos diez años, cien millones de seres humanos se han sumado al colectivo de los que pueden morir de hambre. ¿Cómo lo podemos tolerar? Si trabajáramos todos en la misma dirección, sería factible erradicar la miseria".

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