ENRIQUE ORDIALES, DIRECTOR DEL CENTRO LAGUN ARTEAN PARA PERSONAS SIN TECHO

El perfil del indigente ha variado desde el alcohólico y heroinómano de los 80 al actual 'sin papeles' que pasa hambre y duerme a la intemperie
26 de Febrero de 2009
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«El 95% de la gente que vive en la calle en Bilbao es inmigrante»
Enrique Ordiales se licenció en Lingüística, con especialidad en «lenguas africanas de tonos». Habla dos con fluidez y distingue otras siete. Eso le ha servido para averiguar que Oliver y el resto de jóvenes africanos que saltaron la valla de Melilla en 2005 y llegaron a Bilbao no eran de Chad, como decían por miedo a ser expulsados, sino que hablaban un dialecto de Camerún. Las africanas le llaman 'papa', los magrebíes, amigo. «A veces nos han acusado de paternalismo, pero lo que queremos es que se vayan de casa y se independicen cuanto antes». «Extremeño de origen, bilbaíno por vocación y africano de corazón», a sus 65 años se jubila de la gestión de Lagun Artean (Entre amigos, en euskera), después de dedicar su vida a los 'sin techo', aunque seguirá ejerciendo como director.

-Lagun Artean ha vivido una evolución paralela a la sociedad, en su cara más oscura, la pobreza. ¿La heroína ha dejado paso a los 'sin papeles'?
-En 1983, cuando se fundó, acogíamos a mendigos, casi todos con problemas de alcohol, que dormían a la intemperie debajo del puente Euskalduna. Todavía no había cajeros automáticos. Algunos tenían una familia normal, otros desestructurada o procedían de orfanatos. Les dejaba la pareja y se echaban a la bebida, aunque la mujer decía que se habían separado precisamente por el alcohol. En el 85-86 vino el 'boom' de la heroína. En 10 o 12 años, hasta el 98, dedicamos todos los esfuerzos a atender a heroinómanos, con resultados mínimos; salían adelante un 20% y volvían a recaer. Como la heroína era cara, robaban. Es tal el 'mono' que tienen que ponerse por lo menos dos veces al día y estar continuamente delinquiendo. Primero robaban a la familia, hasta que no podía más y cortaba con ellos, luego a los vecinos... Eran chavales de 18 años, y los pocos toxicómanos que tenemos ahora son los mismos de entonces, que tienen 43 o 44. Hoy, el 95% de la gente que está en la calle son inmigrantes, la mayoría magrebíes.

-¿Ya no hay pobres autóctonos?
-Nos hemos preguntado muchas veces, ¿los inmigrantes han desplazado a los de aquí, que como no quieren estar, como dicen ellos, con 'moros' o con negros, se han marchado a la calle, o realmente las ayudas sociales han posibilitado que puedan vivir en una pensión, compartir piso...? Hay de todo, más de esto último, gente que ha salido adelante, pero queda un reducido núcleo que básicamente está en el albergue de Mazarredo 22, de baja exigencia, y luego otro grupito de 15 ó 20 que no admite la más mínima norma, y se quedan en lonjas y sitios de 'okupas', o rondando por la zona de Rekalde.

-¿Qué ha sido lo más duro?
-Ver cómo cada año, de 10 plazas que teníamos para internos, se te morían 15, básicamente de sida, sobredosis y algún suicidio. Esto, para mí, es lo más terrible, porque significa el fracaso total de una persona, que no tiene ninguna perspectiva.

-Aunque parezca increíble, ¿siguen enganchándose a la heroína?
-Vuelve a ser muy barata. Es terrible, conlleva secuelas sanitarias, sociales, ser mal visto porque robas, se te caen los dientes, hay un abandono total de la persona, sólo viven para la droga. He visto heroinómanos con hijos y mujer; ni la paternidad ni una madre les importa. Pierden todo.

-¿Cómo les debemos llamar: 'sin techo', indigentes, mendigos?
-Todas esas palabras tuvieron un significado absolutamente válido, pero el uso las va deteriorando. Desde el punto de visto etimológico, indigente es la ideal, pero aquí la gente se molesta, aunque signifique persona que no tiene recursos suficientes. Nosotros trabajamos más con 'sin hogar'. La diferencia con los 'sin techo' es que son personas desarraigadas, sin ninguna referencia familiar, son compinches de la calle. Algunos no pueden vivir solos porque no se lavarían, buscarían en la basura. Hay personas que tienen una incapacidad social de gestionar su vida autónomamente. Necesitan poco apoyo, simplemente no estar solos. En nuestros pisos comen juntos y organizan juntos la vida, hay espacios de ocio y cultura, salidas.

Conocidos en Marruecos
-Hace diez años nadie pasaba hambre en Bilbao ni estaba obligado a dormir en la calle. ¿Se puede decir lo mismo hoy?
-En estos momentos, los tres comedores sociales de Bilbao no dan abasto. A muchos se les niega el vale que da el Ayuntamiento porque no hay plazas o porque hay una política de evitar el efecto llamada. Se piensa 'no vamos a darles de comer y facilitarles todo, la Administración no tiene que ser el 'papá-Estado', que se busquen la comida por su cuenta'. Obviamente, no hay más remedio que mendigar, robar en supermercados o tirar de bolsos de señora. Se puede dormir en la calle, pero sin comer nadie puede estar.

-¿Cómo sobreviven?
-En algún bar les dan los pinchos que sobran, pero no todos los días. Eso les quitaría clientela. He visto gente que no ha comido nada en tres o cuatro días, y lo notas cuando les das la comida, y cada vez hay más. Acaban en San Francisco, es el único sitio donde pueden sobrevivir unos días prácticamente sin nada. Ahora verás que hay sobre todo mujeres de mafias rumanas, también marroquíes y gente de aquí que rebuscan en las basuras con un gancho, buscan algo metálico o ropa y también comida. Las he visto coger de la basura y comer directamente. También en los supermercados, sacan la mercancía que no sirve, pescado del día anterior, y siempre hay un grupito de tres o cuatro esperando. Si eso no es pasar hambre...

-El Ayuntamiento de Bilbao no quiere hacerse cargo de todos los 'sin techo' de la provincia. ¿Por qué otros municipios no abren albergues?
-Yo siempre se lo he dicho al Ayuntamiento. Es indudable que tenemos un problema, pero si tengo a alguien al lado que me necesita, no puedo pasar de largo; yo no, no sé el Ayuntamiento. Si voy navegando y veo una barca de náufragos, no me detengo a pensar en un proyecto, no pienso que más vale que se ahoguen 10.000 y así dejarán de venir. Si me tocan al lado, no paso de largo. Por otro lado, es verdad que Bilbao está atendiendo a gente de todo Vizcaya, porque no hay ningún otro albergue a pesar de la normativa que exige que lo haya en las ciudades de más de 20.000 habitantes, como Barakaldo, Sestao, Portugalete, Santurtzi, Erandio, Getxo, Leioa...

-¿Vienen a Bilbao porque saben que hay albergue?
-En concreto, en el mundo de los menores marroquíes, proceden de una zona rural concreta, Rachidia, donde hay una especie de mafia que los coloca, ofrece a los padres que aquí les arreglamos la vida y cuando pasan debajo del camión o en la barcaza vienen directamente a Bilbao, en algunos casos preguntando por Lagun Artean. Ya somos más conocidos en Marruecos que aquí.

-La inmigración no parece que vaya a disminuir. ¿Hay que asumirlo?
-El otro día llegaron a Canarias menores de 8 años. Es algo serio. Creo que habría que perseguir a los padres. Me parece explotación de menores arrancar del entorno familiar a un hijo de diez o quince años, que todavía no tiene formada la afectividad, ni ningún tipo de formación. Podemos creer que para que tengan un futuro mejor, pero también les mandan para comprarse un coche, una casa... ¡Con un alto riesgo de perder la vida en el camino! Habría que rechazar a los menores y perseguir a sus padres.

-¿Rechazar a los menores?
-Sí, porque estamos contribuyendo al fenómeno. Pero, una vez que están aquí, yo no puedo pasar, la Diputación tiene que acogerles. Los que llegan con menos de 17 años van a tener la vida más fácil, permiso de residencia y formación, pisos de acogida... de forma que a los 20 años sean autónomos. Pero los que han llegado con 17 años, a esos no se les da formación ni documentación y cuando cumplen 18 se les pone en la calle. Esos son los que están viniendo a Lagun Artean.

-¿Cuál es la solución?
-La única sería a un nivel que supera al Ayuntamiento y la Diputación, tendría que ser algo más global, de la Unión Europea. Precisamente, no sé si lo habrá hecho ya, pero la Diputación tiene previsto abrir un centro de información y formación de menores en Rachidia para evitar que vengan. Si toda la ayuda que se está dando aquí a personas sin techo se invirtiese allí, evitaríamos que viniesen.

-No pueden estar peor en sus países de origen, ¿por qué emigran?
-Sí, están peor. Una chica de Costa de Marfil tenía marido y tres hijos, y estaba embarazada. Un día volvió a casa y habían matado al marido y a los tres hijos. ¿Qué seguridad tiene? Otro de Burkina Faso, sastre, con un negocio de tres o cuatro empleados, y venían cada dos por tres el Ejército, la Policía y los bomberos a requisar la caja. Se negaron y le mataron al cuñado y a la mujer. En esos países no hay futuro si no se invierte de manera responsable.

-¿Cambiará la crisis el perfil de los 'sin hogar'?
-Indudablemente, tenemos dos factores que inciden negativamente, las fuentes de financiación, que al menos las públicas espero que se mantengan, y que hay mucha más demanda. El que está en la calle, peor no va a estar, se reducen sus expectativas de salida.
 
 
 
 
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