Acogida de niños del Este de Europa

Cinco entidades de la Comunidad Autónoma organizan vacaciones para menores procedentes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania
08 de Abril de 2009
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GERARDO ELORRIAGA/ Media docena de entidades sociales organizan vacaciones para niños del Este de Europa. Acobi, la Fundación Ekialde, Bikarte, Kainabera y la Asociación Chernobil acogen durante el verano, y algunas también durante Navidad, a menores llegados de Rusia, Bielorrusia y Ucrania. Los jóvenes beneficiarios proceden de orfanatos o familias desestructuradas, viven en zonas de clima extremo como la región ártica, áreas económicamente muy deprimidas o afectadas por el desastre nuclear de Chernobil. La crisis también ha influido en sus programas con bajas y mayores problemas para captar nuevos padres temporales.


Acobi, la Fundación Ekialde, Bikarte, Kainabera y la Asociación Chernobil proporcionan un verano diferente a cerca de seiscientos niños procedentes de Rusia, Bielorrusia y Ucrania. En algunos casos, se trata de huérfanos que viven en orfanatos y, en otros casos, de menores insertos en familias desestructuradas o con escasos recursos. La mayoría habita en áreas deprimidas, con climas extremos como la zona limítrofe con el Círculo Polar Ártico o afectadas por el escape de la central nuclear de Chernobyl. Sus actividades cuentan con subvenciones municipales y el apoyo de BBK Obra Social.

Las asociaciones cierran  sus plazos de inscripción entre los meses de enero y febrero. Todas se refieren al impacto de la crisis en la última campaña, sobre todo, en la dificultad para captar nuevas familias de acogida y hacer frente a las bajas producidas. Además, también han constatado el aumento del precio del viaje. Generalmente, los menores han de trasladarse, con sus respectivos monitores, desde su localidad hasta grandes capitales como Moscú o Kiev y, desde allí, dirigirse a Bilbao o Madrid en vuelos con escalas, lo que encarece significativamente el pasaje.

Los receptores pueden ser familias tradicionales o monoparentales. Aunque el compromiso es anual, muchos establecen lazos afectivos con los jóvenes que animan a repetir el acogimiento hasta su mayoría de edad. Junto a  la estancia estival, algunas ofrecen la posibilidad de acoger al pequeño durante el periodo navideño y enero para evitar el rigor invernal en países con climas extremos.

Desde su sede en Basauri Acobi (Acogida de Niños Bielorrusos) atiende a niños llegados desde este país, uno de los más pobres de Europa,  que habitan la zona contaminada por la radiación. Los padres de acogida han de ser miembros de la entidad y la cuota anual es de unos 300 euros. Este año prevén la recepción de medio centenar de menores.

La Fundación Ekialde también menciona la crisis para explicar el número reducido de familias participantes. Su objetivo son menores albergados en orfanatos ucranianos y este año prevé la recepción de una docena. El pago varía entre los 500 y 600 euros y la edad de los niños oscila entre los 6 y 16 años, máximo permitido por la legislación del país eslavo. Como ocurre con el resto de las entidades, además del apoyo institucional, cuenta con la colaboración de clínicas oftalmológicas y odontológicas que prestan servicios gratuitos a los recién llegados.

 Los responsables de Bikarte, especializada en la acogida de niños rusos, realizaron una intensa campaña en diciembre para contrarrestar el efecto de la crisis y la amenaza de bajas. Como consecuencia,  han conseguido llegar  a las 110 familias, diez más que el pasado año. El costo medio ronda los 900 euros, pero las subvenciones permiten reducir a la mitad el pago por particular. 

La anterior asociación y Kainabera, ONG asentada en Elorrio, forman parte de la Federación estatal ‘Niños del Mundo’. Desde el 2000, la agrupación del Duranguesado reúne a familias de la comarca, Guipúzcoa y Álava interesadas en ofrecer un verano diferente a menores rusos.  El pasado año sumaron 102 solicitudes, reducidas a 74 en la actual campaña y según sus portavoces, resulta particularmente difícil captar nuevos hogares. Aunque el desembolso ronda los 700 euros, las ayudas institucionales suelen permitir la devolución de unos 200 euros. Kainabera también organiza estancias invernales, pero su precio puede elevarse, en este caso, a unos 1200 euros.

El objetivo de la Asociación Chernobyl es mejorar la salud de niños que habitan las zonas contaminadas por la catástrofe. A los efectos perniciosos se suma la miseria de sus habitantes y la carestía del precario sistema sanitario. Este año alojarán a 342 niños, pero de 90 nuevas peticiones tan sólo han podido atender una veintena. El coste individual se acerca a los 600 euros de los que hay que descontar lo obtenido por subvenciones y lo recaudado mediante lotería y rifas.

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