Personas Discapacitadas

El acceso al mercado de trabajo es aún el mayor reto para este colectivo
20 de Abril de 2009
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La asociación vizcaína Igon ofrece inserción laboral a personas con discapacidad física o sensorial
La asociación fomenta el empleo para personas con discapacidad
G. ELORRIAGA/  Desde hace más de veinte años, esta asociación fomenta el empleo para los individuos con discapacidad física o sensorial. Sus  promotores fueron conscientes de que el mayor reto para este colectivo radica en el acceso al mercado laboral. En los servicios que prestan conviven personas de todo tipo y a todos los trabajadores se les exige el mismo rendimiento. “ Lo ideal sería que todos pudiéramos optar a un puesto de trabajo en una empresa normal”, confiesa Marta Manzanares, su presidenta. Sin embargo, según explica, el mantenimiento de barreras mentales aún lo impide.

El  trabajo le proporciona a Itziar Gómez autonomía en sentido estrictamente literal. Con su sueldo paga la hipoteca de una casa adaptada a sus desplazamientos en silla de ruedas. “Sin él, tendría que vivir con mi madre en un piso no preparado para mí y me volvería dependiente”, asegura.
Desde 2004, esta joven bilbaína está contratada por Igon, una asociación vizcaína que trabaja para la inserción social de personas con discapacidad física o sensorial, y dice sentirse una privilegiada por su libertad económica y personal, aunque, a menudo, desplazarse por una ciudad como Bilbao tenga sus inconvenientes. “Yo lo de los autobuses lo he dado por imposible”, confiesa. “Generalmente,  sus rampas automáticas no funcionan”.

Teleoperadora del Centro Especial de Empleo
Ella es teleoperadora del Centro Especial de Empleo, uno empresa generada por Igon. La primera iniciativa se remonta a 1986 cuando un grupo de personas, que entonces eran denominadas minusválidas, se reunieron para reivindicar sus derechos. “Descubrieron que, aunque ya había leyes a su favor, faltaba el acceso al mercado laboral, el gran problema”, recuerda Marta Manzanares, su actual presidenta.

La asociación creó una empresa de empleo protegido, inusual en la época, y optaron a diversos servicios. Al principio, fue la limpieza de las cabinas de la ONCE, luego la de los ferrocarriles suburbanos o un taller de montaje metálico. Hoy, disponen de talleres de rotulación u ofrecen diversas prestaciones para firmas públicas y privadas desde su sede de la capital vizcaína.

Mujeres y universitarias
A lo largo de dos décadas, sus actividades han variado y también el perfil de aquellos que han demandado un puesto de empleo. “Antes, la mayoría eran hombres y abundaban los que no tenían el graduado escolar porque las estancias en hospitales dificultaban mucho proseguir los estudios”, explica. Hoy, las mujeres han conseguido ser protagonistas y muchas solicitudes incluyen un título universitario.

Sin embargo, el proceso de selección sigue siendo el mismo. “En función de nuestros recursos, privilegiamos a los individuos de nuestro colectivo, aunque si tenemos necesidades que no pueden ser cubiertas de otra manera, acudimos a trabajadores sin discapacidad”, señala. “En cualquier caso, unos y otros rinden de igual manera porque primamos la calidad”.

“La mayor barrera aún es la mental”
Frente a un ordenador comparten el mismo sistema de turnos sujetos que se desplazan en sillas de ruedas o sobre muletas, con problemas de audición o visión, quizás diabéticos o cualquier otra complicación que, en cualquier caso, no les impide llevar a cabo una vida laboral regular. “La mayor barrera aún es la mental”, lamenta. “Las empresas normalizadas creen que un trabajador discapacitado presenta más bajas que el habitual, cuando es todo lo contrario porque luchamos mucho por un trabajo que tanto nos cuesta conseguir. Lo ideal sería que, independientemente de nuestra situación, todos pudiéramos optar a un puesto en una empresa normal, pero somos conscientes del mantenimiento de las reticencias”.

Además de su proyección laboral, en Igon existe una vertiente asociativa que incluye cursos de formación y actividades de tiempo libre. “Porque a través de nosotros muchos afectados pueden llegar a subvenciones institucionales”, explica la responsable. En cualquier caso, Itziar tiene claro que nunca ha aspirado a mantenerse gracias a una pensión. “Es importante sentirse útil”, declara. “Soy consciente de mis limitaciones físicas, pero también sé que puedo hacer cosas y aquí, a ese respecto, todos somos iguales”.

Sensibilización
La convivencia entre unos y otros también sensibiliza. “No se puede hablar de un único mundo de la discapacidad, ¡son tantos y tan diferentes! Yo he trabajado con sordos y si hubiera más intérpretes para su lengua, prácticamente, carecerían de dificultades”.

Tania Martín es una de sus compañeras y no sufre impedimentos físicos. “De gente como Itziar he aprendido, sobre todo, lo que es la superación personal”, indica. “A veces, me pregunto si yo, en una situación similar, sería tan fuerte”. Pero la convivencia también revela la cantidad de obstáculos que salpica la vida cotidiana de alguien que depende de una silla de ruedas para desplazarse. “¿Imaginas lo que supone no poder subir a la acera y tener que moverte por la carretera? Sí, se han producido grandes avances, pero, aún hoy, la vida cotidiana está llena de dificultades para muchos de mis colegas

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