TURISMO RESPONSABLE

Los usuarios se alojan en comunidades rurales y conocen su vida cotidiana
27 de Abril de 2009
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La ONGD vasca Zubiak Eginez, radicada en la localidad vizcaína de Abanto, ofrece un programa de vacaciones alternativas en el seno de las comunidades rurales de Nicaragua con las que lleva a cabo proyectos de desarrollo. Se trata de viajes organizados, de duración variable, pero que tienen el sello del denominado 'turismo responsable', una modalidad que beneficia directamente a las poblaciones de acogida, minimiza el impacto medioambiental y protege las condiciones laborales de sus empleados.

La ONGD Zubiak Eginez presenta un plan estival de estancias en Nicaragua dentro de la categoría denominada ‘turismo responsable’.
Frente a las vacaciones convencionales, esta novedosa fórmula pretende fomentar un servicio no masificado, sin impacto medioambiental, gestionado por la comunidad de destino y con el respeto de las condiciones laborales de los trabajadores.

“El concepto surge a partir de la experiencia de los brigadistas y los campos de trabajo, pero no tiene nada que ver.  No vamos a trabajar, sino a conocer un país, aunque quien quiera puede echar una mano”, precisa Izaskun Merodio, responsable de la entidad para este servicio.

No se trata de emplear el tiempo de descanso para experimentar en el ámbito de la cooperación al desarrollo, sino de disfrutar del verano de una manera singular.  “Para el nativo, se trata de una manera de diversificar la economía rural, siempre precaria, y para el turista, de conocer una realidad diversa, conviviendo con la población y sensibilizándose sobre sus condiciones de vida”, indica.

La iniciativa se puso en marcha hace ocho años gracias a la colaboración de la asociación vizcaína con la Unión de Cooperativas Agropecuarias UCA Tierra y Agua, entidad que ha asumido directamente la puesta en marcha de esta oferta. “No cabe buscar lujos, no se trata de turismo rural”, advierte.

Los promotores, embarcados en diversos proyectos de desarrollo apoyados desde Euskadi, habilitaron alojamiento con unas condiciones higiénicas, de alimentación y comodidad aceptables, aunque superiores a las indígenas.

El programa del 2009 se extiende a lo largo de un mes, aunque también se puede planificar a la carta en función del tiempo de duración que planteé el solicitante, una opción permanente de enero a diciembre. “La oferta de verano consta de un circuito de tres semanas y una última libre”.
Además de conocer de primera mano las actividades que llevan a cabo las organizaciones de mujeres o a favor de los niños de la calle, por ejemplo, los visitantes podrán disfrutar de las playas del país y pasear por ciudades coloniales como Granada, además de subir volcanes o adentrarse en reservas naturales.

Grupos reducidos
Según Merodio, no existe un prototipo de turista para estos viajes alternativos. “Son grupos reducidos y, generalmente, los participantes se encuentran entre los veinticinco y sesenta años”, explica y apunta que se trata de personas, a menudo, solas, que quieren recorrer un territorio y mantener un trato directo con la población, propósito, a veces, que entraña un cierto riesgo en países del Sur.
“Aquí vamos acompañados y accedemos a personas con nombre y apellido que viven en comunidades a las que no podrías llegar de otra manera, que te recibirán cálidamente, y en el caso de Nicaragua incluso contactar con quienes vivieron la Revolución”.

Previamente a la marcha, se convoca a los inscritos a una estancia de fin de semana en el lugar de origen en el que se informa sobre su destino. “Es una manera de que adquieran unas nociones del lugar, pero también de que se conozcan entre sí antes de partir”.

El precio, que incluye manutención, transporte desde la llegada, guías y entradas a aquellos centros que exigen un pago, varía entre los 543 euros para colectivos de doce miembros a 1105 para un viaje de pareja. “En el caso de Nicaragua, lo más caro es el desplazamiento desde España que corre a cuenta del turista”.

A través de internet, los demandantes de este tipo de ocio pueden escoger diversas propuestas auspiciadas por diferentes ONGD. El pasado años, Victoria Griffin, de Madrid, se apuntó a la convocatoria de Zubiak Eginez. “Es una experiencia humana, cercana, que favorece directamente a quienes te acogen, comunidades rurales con escasos recursos”, recuerda y señala que sus compañeros eran de lo más variopinto. “Había gente despistada y otra que tenía un gran conocimiento del medio”. También alude a la calidad de las infraestructuras. “Yo diría que se trata de un nivel superior al de los albergues juveniles. Todo está muy limpio y la comida es casera, buenísima, te cuidan como a un invitado y te ofrecen lo mejor”.
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