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Sábado, 9 de mayo

Tras el ‘boom’ de los años 90, este mercado alternativo se ha estancado en el País Vasco. La actual incorporación de este tipo de mercancías en los supermercados es para Intermon Oxfam una alternativa que puede mejorar los resultados
07 de Mayo de 2009
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GERARDO ELORRIAGA/  Algo tan sencillo como comprar determinado producto tiene consecuencias, mucho más allá de dar de comer a nuestra familia, hacernos sentir bien por algo nuevo o proporcionar un tema nuevo de conversación. Según la Organización Mundial del Comercio Justo (WFTO), adquirir una mercancía enclavada en tal categoría es también ofrecer un voto de confianza a aquellos que trabajan para que el tráfico comercial beneficie tanto a las empresas distribuidoras y los clientes del Norte como a los productores del Sur, a menudo condenados a la mera subsistencia.

Hazte oír por el Comercio Justo
Cada año, el segundo sábado de mayo la coordinadora reclama mayor protagonismo para este mercado alternativo. La convocatoria del 2009 cuenta con el lema ‘Hazte oír por el Comercio Justo: Golpea la pobreza, el cambio climático y la crisis financiera’ y, una vez más, reclama el apoyo popular para una iniciativa que reúne a 350 organizaciones e implica a 100 millones de personas en el mundo.

“Para nosotros se trata de una herramienta de cooperación”, indica Gotzone Olarra, especialista en este ámbito dentro de la ONGD Intermón Oxfam. La búsqueda de la transparencia, el diálogo y el respeto mutuo, mueven esta vía comercial alternativa, estrictamente regulada por una serie de principios basados en la necesidad de proporcionar unas condiciones de vida dignas para los trabajadores de los países productores.

Aunque hace ya medio siglo que dio sus primeros pasos, tan sólo han transcurrido  veinte años desde que se constituyó en Holanda el sello Max Havelaar, el primer organismo con certificación de comercio justo. Posteriormente surgió un mercado embrionario, pero pujante en el norte y centro de Europa. Hoy, los productos con ese sello han llegado incluso a las poblaciones pequeñas y los comercios convencionales del Viejo Continente.

Mejorar la difusion del comercio justo
El País Vasco fue pionero en España, pero tras el ‘boom’ inicial, Olarra reconoce que el comercio justo se ha estancado entre nosotros.  Una investigación promovida por varias entidades locales ha llegado a la conclusión de que no se ha realizado una difusión conveniente. “Hay un sector del público que lo conoce y frecuenta, pero cuesta llegar a nuevos sectores”.

Intermón Oxfam también potencia la inclusión de este tipo de mercancías en los supermercados. “Porque allí se realiza el 80% de la cesta de la compra”, arguye y, aunque admite que, en principio, puede parecer un entorno hostil, cree que es muy positivo que el cliente que lo encuentra en las estanterías tome una decisión al respecto, sin tener que acudir a un lugar concreto con la expresa voluntad de adquirirlo.

En cualquier caso, el comercio justo supone todavía un nimio porcentaje del flujo mercantil global. “Pero, más que el negocio o la cuenta de explotación, nosotros hablamos de familias que salen adelante”, defiende y señala que su organización colabora con un centenar de grupos de productores, a los que proporciona 5 millones de euros. “Nos referimos nada menos que a 6 millones de beneficiarios”.

Pago justo
El comercio justo reclama un pago justo por los bienes comprados a los agricultores y artesanos, pero también un salario digno para los empleados de las haciendas y factorías de las regiones más deprimidas. También denuncia los elevados márgenes que disfrutan las empresas que comercializan los productos básicos en el ámbito de la alimentación, unas doscientas en todo el mundo. “Hasta ahora han permanecido ajenas a esta iniciativa, aunque sí han respondido a las campañas de denuncia”, apunta y cita el caso del café, un bien que reporta enormes beneficios a las distribuidoras mientras que, paradójicamente, sus cultivadores se hallan entre los más pobres. “Al final, las grandes firmas se pusieron en contacto con nosotros”

No se puede desligar este tipo de mercado de la reivindicación. “Al crear un modelo alternativo ya se pretende dar un ejemplo porque queremos demostrar que se puede comerciar de otra manera y obtener beneficios”. Además de la presión política, las entidades promotoras pretenden la sensibilización de los compradores, que sopesen la trascendencia de sus decisiones a la hora de adquirir, y demandan un consumo responsable.

Productos que encajen en el mercado
A lo largo de este tiempo, este intercambio ha evolucionado. Según explica Olarra, al  principio los productos que se aportaban eran aquellos que sus fabricantes eran capaces de hacer, aunque no encajaran en el mercado. “Ahora, elaboran cosas que nos interesan, más cercanas al gasto corriente, gracias a nuestro asesoramiento, y siempre se trata de bienes de gama alta, es decir, de una calidad muy elevada”, indica y recalca la necesidad de que sean elementos cotidianos. “Siempre hemos dicho que buscamos alubias y lentejas de comercio justo, para que el mercado está permanentemente abierto y no nos acordemos sólo en momentos extraordinarios como Navidad”.


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