Iniciativas que nos ayudan
Esta bilbaína es una usuaria de Etxejan, el servicio de comida a domicilio para personas mayores impulsado por Lantegi Batuak, centro especial de empleo, e Iruña Catering.
“Tengo setenta y seis años, siete hijos y me he pasado cincuenta guisando”, explica y asegura que cuando supo de esta posibilidad no dudó en apuntarse. “Me evito hacer recados, dispongo de más libertad y puedo aprovechar mejor el tiempo”.
Ella es una del centenar de clientes de esta propuesta, en vigor desde el pasado 12 de enero en Vizcaya. “Estoy contenta”, señala y confiesa que la oferta es variada. “Sí, se deja comer y no repetimos a menudo”.
Esta iniciativa, que pretende fomentar la autonomía del colectivo de la Tercera Edad , fue anunciada hace un año y desde entonces ha sido presentada a los ayuntamientos del Territorio. “Porque no todos los individuos pueden permitirse comer por siete euros, tan sólo quienes tienen una renta media y alta, no demasiados dentro de un grupo en el que abundan las estrecheces económicas”, advierte Francisco Martínez, responsable del proyecto y para quien la fórmula del copago entre el consistorio y el cliente final es la ideal.
Dieta equilibrada y personalizada
Aunque la idea fue bien acogida y, en principio, cuatro municipios manifestaron un interés firme, la crisis acabó disuadiéndolos. El promotor confiesa que no esperaban ese inconveniente en la implantación, pero confía en un próximo replanteamiento dada la demanda potencial, un número en rápido aumento a lo largo de los próximos años. Además, a su juicio, los actuales servicios de ayuda a domicilio son caros y la prestación resulta menos efectiva, puesto que se realiza la compra con el dinero del beneficiario y los profesionales cocinan según su particular entender. “Así es más difícil llevar a cabo una dieta equilibrada, acorde con las necesidades de cada sujeto”, advierte.
El menú es preparado por expertos en dietética y se personaliza en función de los requerimientos del cliente. Los platos se elaboran al modo tradicional, no se utiliza sal ni conservantes o colorantes, pero, tras su ejecución, experimentan un enfriamiento rápido y son distribuidos para su consumo antes de quince días. Para mayor seguridad, los propios encargados de la distribución los introducen en el frigorífico y la periodicidad del reparto varía en función de la capacidad del electrodoméstico.
En los últimos meses, algunos familiares han demandado el servicio para allegados, aunque reconoce que no siempre con éxito. “A veces, hay rechazo”, confiesa. Hay quien no quiere que le sirvan una comida refrigerada y también quien, a pesar de los achaques, no renuncia a disponer de los propios fogones. Aunque se trata de una novedad en Vizcaya, el servicio se halla implantado en algunos puntos de Álava y ya, desde hace tiempo en otras Comunidades Autónomas, pero, según explica Martínez, nunca hasta ahora había servido para fomentar el empleo entre personas discapacitadas.













