Día Internacional de la liberacion lesbiana, gay y transexual
Esta socióloga y psicóloga es una de las responsables del estudio‘Voces de mujeres en la diversidad sexual’, realizado por Aldarte en colaboración con el programa de apoyo a proyectos sociales de BBK Obra Social . El informe analiza la realidad de las lesbianas a lo largo de las últimas décadas en el País Vasco. La investigadora ha hablado para ‘Vida solidaria’ de su propia experiencia.
Complejos adolescentes
“Yo no soy oficialmente lesbiana hasta los 22 años”, asegura y reconoce que su infancia fue feliz, pero que vivió acomplejada durante la adolescencia y dice que fue educada hacia la heterosexualidad, en un ambiente sin referencias ni imágenes de otro tipo. Según confiesa, no podía concebir que las mujeres pudieran sentirse atraídas por otras mujeres. “Me sentía rara, aislada, porque a mí los hombres no me generaban las emociones que sentían mis amigas”.
Muy abiertos pero desde la heterosexualidad
Inmaculada vivió su juventud en el periodo de la Transición y se siente un producto de aquel tiempo de recuperación de libertades. Pronto abandonó el hogar familiar y en su cuadrilla se hablaba sin prejuicios del sexo. “Sí, todos éramos aparentemente muy abiertos, se ligaba mucho, pero siempre en clave heterosexual”, recuerda. La insatisfacción la llevó a abandonar aquel círculo y buscar otra gente, entornos donde sentirse más integrada.
En aquellos años de efervescencia, a finales de los setenta, participó en grupos de tiempos libre y en la Asamblea de Mujeres de Vizcaya, ámbito en el que inició sus contactos con sus iguales. “Entonces le di un nombre a lo que sentía”, apunta. “Me di cuenta de que era lesbiana, no un fracaso sexual”.
Cómo vivir en la clandestinidad
El mundo de contactos para gays y lesbianas se centraba en algunos bares del Casco Viejo bilbaíno, un espacio de tolerancia en la ciudad. “Era como moverse en la clandestinidad”, indica y recuerda que, con el tiempo, encontró en aquellos locales a amigos y amigas de su primer grupo de referencia.
Para ellos y ellas era habitual llevar una doble vida, una de día, con una identidad respecto a la familia y los compañeros de trabajo, y otra nocturna, perfectamente estancas. “No era extraño que estuvieras con alguien por la noche y que ni siquiera te saludara si te la cruzabas al día siguiente porque, simplemente, estábamos en otro contexto”.
Antes de que el presidente Bill Clinton lo aconsejara a los soldados gays, ya habían asumido el lema de la prudencia. “No mentíamos, sino que no hablábamos”. A veces, esa autocensura resultaba insoportable. Se establecían relaciones sexuales y afectivas que surgían y también se rompían y alude a la necesidad de no reflejar la desolación del fracaso en mitad de de comidas y cenas familiares. “No podías llorar como hacían tus hermanos cuando fracasaban sus historias”. Hoy, Inmaculada no oculta su condición sexual. “Me presento como lesbiana en otros ambientes que no son los más privados”, aduce. “Afortunadamente, ya no hay necesidad de manejar varias vidas a la vez”.










