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El estudio “¿Qué sabemos de sus muertes?” revela el tratamiento superficial que los medios de comunicación conceden a los asesinatos machistas
26 de Junio de 2009
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“El tratamiento que los medios de comunicación conceden a los crímenes machistas es superficial y está deshumanizado”, denuncia Norma Vázquez. “Cuando hay una víctima del terrorismo, nos explican cuál era su trayectoria personal y profesional, se dibuja un ser humano con deseos e inquietudes, mientras que de las mujeres asesinadas no sabemos nada, desconocemos cómo eran, qué querían y soñaban, por qué peleaban y cuál fue la razón de que no pudieran romper una relación que les costó la vida”. Esta psicóloga ha presentado el informe “¿Qué sabemos de sus muertes?”, un estudio en torno al abordaje de estos hechos en el ámbito de la información y que ha corrido a cargo de la consultoría Sortzen, entidad especializada en la violencia de género.

 Según este análisis, las noticias al respecto contienen datos muy limitados. Generalmente,  se limitan a describir los hechos siempre de la misma manera, con frases hechas y poco rigor, y se recogen opiniones de fuentes poco cualificadas o que carecen de una visión de la problemática, y no se acude a expertos. “Se recogen en las páginas de sucesos, como si se tratara de algo puntual, actos demenciales de hombres locos y no de una problemática social con causas que se pueden analizar”, arguye.

En la mayor parte de las ocasiones, la agresión se traduce en un dato más apoyado en el testimonio fútil de unos vecinos que no saben qué pasó, que siempre habían pensado que el asesino era un buen chico, aunque algunas veces escuchaban gritos. Vázquez también lamenta la habitual falta de seguimiento del crimen. “No hay posibilidad de saber qué pasó, porque la detención y enjuiciamiento del autor no se suelen cubrir”.

El efecto narcotizante de la rutina
Cuando la víctima es inmigrante siempre se hace saber su nacionalidad, incluso señalándolo en los titulares.  Aunque acepta que, desde el punto de vista periodístico, es un asunto importante,  demanda su contextualización. “Habría que explicar que pasaba con esa chica, si estaba sola o integrada. No dejar la impresión de que provenía de una cultura violenta y punto, porque así se simplifica y culpabiliza”.

A su juicio, esta situación revela un trasfondo claro: la falta de interés. “Sí, tanto de los editores como de los jefes, no jefas, aunque haya periodistas que muestren más sensibilidad al respecto, pero las prisas, la escasez de fuentes y el no seguimiento demuestran que no hay conciencia de la importancia de los medios en la creación de una conciencia al respecto”.

La analista lamenta el efecto narcotizante producido por la rutina en la información. “Al final, tan sólo es un número más, ya no genera angustia, nos hemos acostumbrado, no crea conmoción, se ha convertido en un ritual, matar, protestar y olvidar”, denuncia. “Parece que si las matan es porque algo no han hecho bien, no hay mayor explicación de por qué siguen siendo asesinadas”.

La formación de los periodistas constituye una de las claves del cambio para Vázquez. “Hay que buscar y contrastar fuentes, realizar un seguimiento del caso, saber qué pasó”, aduce. “Existe una responsabilidad clara de los medios, pero también de quienes leemos las noticias, hemos de presionar, exigir otro enfoque, porque es responsabilidad de todos prevenir esta problemática”.
 
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