Una nueva beca refuerza la apuesta de BBK por la innovación y el talento
Una nueva beca BBK apoyará proyectos de atención y asistencia a personas enfermas o con discapacidad
La preparación de un viaje colectivo con discapacitados requiere un chequeo de instalaciones que puede llevar de 6 meses a un año de trabajo
30 de Julio de 2009
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GERARDO ELORRIAGA/ Cualquier agencia de viajes recibiría con satisfacción la petición de organizar un viaje a Nueva York para cuarenta personas, pero la dimensión de la demanda no siempre supone una garantía de éxito. “Cuando les explicamos que se trata de individuos que utilizan sillas de ruedas eléctricas, solicitan media hora para hacer gestiones”, explica Raul Agirre, portavoz de la Federación Coordinadora de personas con discapacidad física de Bizkaia (Fekoor). Transcurrido el plazo, seguramente, la empresa devolverá la llamada lamentando que no existe posibilidad alguna porque no se encuentran hoteles accesibles o autobuses adaptados en toda la metrópoli norteamericana. “Es la respuesta que escuchamos una y otra vez”.

El disfrute del ocio para las personas con discapacidad física aparece condicionado por la disponibilidad de medios de transporte y las barreras arquitectónicas. La ley vasca de promoción de la accesibilidad, aprobada en 1997, es un texto avanzado según Guillermo Treku, asesor de la entidad, “pero en la práctica se generan situaciones que la norma no es capaz de corregir por la falta de mecanismos de control”.
La falta de aplicación o los impedimentos de la arquitectura tradicional se traducen en obstáculos a menudo insalvables. “El entorno es el que discapacita”, denuncia Aguirre.

El control de toda la ruta
Todos los planes de tiempo libre han de tener en cuenta esos inconvenientes. El punto de partida es siempre el estudio de los pasos necesarios para completar la ruta. “En suma, plantearse si es posible alcanzar el destino, puesto que si falla tan sólo una de las conexiones o no funciona la plataforma del autobús, por ejemplo, ya no es viable”. En el caso de emplear transporte propio y pretender recurrir a las parcelas reservadas, quizás haya que confiar en la suerte porque tan sólo una de cada cuarenta plazas de aparcamiento cuenta con esa calificación.

En Bilbao, apenas 15 restaurantes adaptados
Degustar pinchos o disfrutar de una cena fuera de casa no resulta una posibilidad sencilla. Los representantes de Fekoor aseguran que no más de quince restaurantes tradicionales de Bilbao se hallan adaptados. “Se deben evaluar aspectos como el acceso o si cabe manejarse con facilidad en el cuarto de baño, lo que no es normal porque suelen ser de dimensiones muy reducidas”. La construcción reciente no es sinónimo de disponibilidad y, a ese respecto, achacan a los establecimientos del puerto deportivo de Getxo la inconveniencia de sus peldaños.

Playa para todos
En verano la playa es una de las opciones más atractivas y el territorio vizcaíno cuenta con el programa ‘Hondartza denontzat’, destinado a proporcionar el disfrute de determinados arenales. “Pero está dirigido a colectivos”, arguyen. “Sin entrar a valorarlo, ¿por qué no se facilita el derecho del individuo a elegir libremente y con autonomía? Hay que apoyar la iniciativa individual y establecer equipamientos en más zonas de la costa”.

Cine desde la primera fila
También echan de menos mayor adaptación del espacio en los cines. Generalmente, las personas en sillas de ruedas son ubicadas delante de la primera fila. “A todos nos suele gustar disfrutar de una película junto a un acompañante. ¿No habría manera de que ellos también puedan contemplarla con los suyos?”.

Conciertos
La música en vivo es otra opción atractiva a lo largo de todo el año y especialmente en estas fechas en las que abundan las convocatorias, pero Agirre  advierte que pocas veces se adecúan ámbitos vallados en los que puedan escuchar el recital en las debidas condiciones. Según explica, las localidades que el BEC asigna con este fin no se suelen llenar porque se encuentran alejadas del escenario y en el caso del Palacio Euskalduna, advierten que el salón de actos cuenta con pocas localidades específicas y la zona de butacas está unida por escaleras. La dirección de la institución ha alegado que su objetivo es conseguir el certificado de accesibilidad para dicho espacio y que ha encargado una auditoría que precise las reformas que deben ser acometidas con tal fin.

Chequeos de todas las instalaciones
Quien opte a disfrutar de unas vacaciones fuera de su lugar de residencia tiene que cerciorarse de la idoneidad del hotel antes de emprender el viaje.   “Para alguien que se traslade solo no resulta sencillo a menos que cuente con vehículo y casa adaptada”.

Además de actividades de fin de semana, Fekoor organiza viajes de entidad como el previsto a Italia para el año en curso. “Es la opción más factible”, indican, aunque la preparación es complicada porque hay que chequear todas las instalaciones, un proceso que puede llevar de seis meses a un año de trabajo.

Curiosamente, esta falta de oferta en las empresas turísticas contrasta con la existencia de una clientela potencial muy numerosa. “Hablamos de un nicho de mercado en Europa que ronda los 65 millones de individuos”.

Agirre también lamenta la relación que se establece a menudo entre accesibilidad y poder adquisitivo. “Parece que los recursos siempre han de situarse en las infraestructuras más caras lo que viene a suponer también un agravio comparativo para un colectivo que subsiste en unas condiciones socioeconómicas generalmente precarias”.



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