Gestión

Cien ONG y entidades solidarias vascas firman un compromiso de calidad ante la administración autonómica
30 de Julio de 2009
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“El Tercer Sector no sabe comunicar a la opinión pública la transparencia de sus cuentas”
Jornada de Formación. Fuente: Euskalit
GERARDO ELORRIAGA/ Las organizaciones sin ánimo de lucro también aspiran a obtener un certificado oficial de calidad que demuestra la eficiencia y pulcritud de su gestión, a menudo cuestionada tras varios escándalos. Sin embargo, existen problemas para que las ONG asuman esos criterios. Vida Solidaria analiza con un experto del sector los problemas para conseguir la implementación de esos indicadores. Los medios económicos, las prácticas tradicionales y el trabajo extra se convierten en los mayores obstáculos. “No nos suele gustar que nos digan cómo hay que hacer las cosas”

“No sabemos comunicar a la opinión pública la transparencia de nuestras cuentas”, lamenta Ignacio Palacio, responsable de Administración y Calidad de Fundación Gizakia, para quien las entidades del Tercer Sector sufren un control superior al experimentado por aquellas empresas privadas que trabajan con organismos públicos.  A su juicio, la fiscalización de cuentas y gastos que soportan es muy superior, pero no se ha dado a conocer ese grado de control. “El resultado es que aún permanece esa idea de que este ámbito se presta a errores y desviaciones de fondos, cuando lo cierto es que los casos divulgados resultan excepciones”.

Compromiso de calidad
Cien firmas sociales, ONG y redes de la esfera solidaria vasca han firmado recientemente un compromiso de calidad, acuerdo que implica una reflexión conjunta alrededor de las diversas iniciativas destinadas a mejorar la eficacia de la gestión. “Pero hablar de calidad en este campo es una cuestión compleja”, señala Palacio, representante de una de firmas pioneras en su desarrollo.

Visualizar la tradición que las empresas del sector mantienen en este apartado constituye uno de los objetivos del pacto. “Porque elementos como el cuidado en la atención al usuario o la eficiencia en la gestión de los recursos forman parte de nuestra cultura y valores, aunque no se hayan implantado de una manera formal, y eso hay que reconocerlo”, apunta.

El reverso llega con la adecuación de modelos de calidad basados en ISO con estrictos requerimientos sobre la medición y documentación de los procesos. Desde hace trece años, el proceso de implementación ha contado con el apoyo técnico de Euskalit Fundación Vasca para el Fomento de la Calidad, promotora de grupos de trabajo en los que se han discutido herramientas de gestión.

El propósito era hacer llegar instrumentos ya utilizados en áreas educativas o industriales al escenario social. Las reticencias a ese esfuerzo a menudo eran económicas, no ideológicas. “Vivimos de donaciones y subvenciones y establecer sistemas de calidad normativizados implica nuevos costes de gestión y administración que no podemos asumir”.

"Somos muy nuestros"
Paradójicamente, la calidad, entendida como una racionalización del esfuerzo, aparecía como un nuevo gasto que parecía enfrentarse a la prioridad de una ONG, siempre focalizada en la prestación de un servicio. Además, la permanencia de hábitos propios suponía otro obstáculo. “No nos suele gustar que nos digan cómo hay que hacer las cosas”, admite Palacio y explica que cada organización ha trabajado a su manera desde hace mucho tiempo y tiene su estilo. “La verdad es que somos muy nuestros y no existe un estándar de calidad”.

También puede resultar difícil que los empleados y colaboradores, acostumbrados al trato humano y cercano con los colaboradores, asuman la necesidad, quizás un tanto farragosa, de evaluar y llevar a cabo dinámicas de mejora de procesos. “Lo ven como un trabajo extra poco atractivo”, apunta.

El problema se agudiza en las asociaciones más pequeñas, aquellas que cuentan con voluntarios que ya realizan un sacrificio importante de tiempo personal. A ese respecto, el compromiso firmado demanda la creación de modelos adaptados a esta atomización y demás peculiaridades del Tercer Sector. Según declara Palacio,  se requieren nuevas fórmulas con las que se pueda llevar indicadores y definir procedimientos y, asimismo, implicar a la gente en la revisión de los resultados de una manera sistemática. “Tal y como ocurre con el Premiere, impulsado por la Diputación vizcaína, establecido para las pymes”.

Buscar una fórmula asequible
Las organizaciones también solicitan recursos económicos para implementar las nuevas líneas de actuación, una partida con la que ya cuentan las organizaciones guipuzcoanas. En suma, una fórmula más ligera y asequible. “Es que no tenemos gran estructura de gestión y administración y, por si fuera poco, las Administraciones Públicas limitan la partida de cada subvención que puede destinarse a su mantenimiento”.

La elaboración de un certificado homologado específico y oficial es otra de las aspiraciones del entorno solidario. “Sería interesante, aunque ya hay iniciativas que van en esa dirección como la Fundación Lealtad o la auditoria social de REAS”, señala y alude a la falta de una herramienta que permite a un observador externo valorar y comparar, señalar carencias y progresos mediante la comparación de resultados. “Un mecanismo con el que combatir la idea de que este sector es proclive a las irregularidades”.

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