'No se trata de donar las horas que nos sobran, es dar algo de tí a los demas', esta es la conclusión que mejor resume la experiencia de Mari Cruz de la Hora, una de las voluntarias de Futubide que ha querido compartir con nosotros su experiencia
15 de Septiembre de 2009
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Mari Cruz de la Horra menciona una ocasión en la que paseaba con su hija cerca de la residencia para personas discapacitadas en Sopuerta y llegó a apartar a la niña del muro que la rodeaba como si corriera algún riesgo. Unos años después fue ella quien entró en el lugar para compartir el tiempo libre con uno de los internos. “Entonces, mi marido me recordó aquellos recelos. Bueno, son consecuencias del desconocimiento, ¡pero rectificar es de sabios!”.

Su compañera también asegura que los beneficiarios no dan miedo, que la única preocupación, siquiera inicial, es conseguir comprenderlos, identificar su estado de ánimo, saber si están tristes o satisfechos. “Aunque no digan nada, entienden”, señala y afirma que, con un poco de esfuerzo, se consigue comprenderlos. También apunta que su visibilidad propicia un trato más normalizado. “Bajamos incluso con camillas y nos veían con extrañeza, pero ahora ya no causamos ninguna impresión”.

Cada semana, Mari Carmen López visita a Merche, su chica, tal y como ella la llama, y no se limita a pasear por el pueblo de Abadiano, sino que le compra ropa. “Es que me gusta que vaya curiosa y guapa”, alega y advierte que la Fundación siempre corre con todos los gastos, además de apoyar e incentivar su colaboración. Ricardo Sánchez desvela que hay algo más que un rato de ocio compartido, que una de ellas acoge en su casa a la persona que acompaña durante la Navidad y que la otra incluso la ha llevado de vacaciones.

En cualquier caso, ambas niegan que donen unas horas que les sobran. “Es dar algo de ti a los demás”, indican, aunque también confiesan que su labor no tiene ningún mérito. “Cualquiera lo puede hacer, no queremos que nadie lo vea como algo especial, se trata de algo tan sencillo como compartir un tiempo, dar afecto y recibirlo, porque son muy afectuosos, no resultan indiferentes a la atención que les proporcionas”.

Un café puede atestiguar este interés. Mari Cruz recuerda que, en cierta ocasión, quiso gastar una broma a Mariano. “Cuando nos despedimos, le dije que en la siguiente ocasión, ellos tenían que abonar la consumición”, explica. Al volver a verse, tan pronto como se saludaron, su amigo depositó unas monedas en su mano. “Me emocionó porque lo había comprendido y porque me di cuenta de que parece que no haces nada por pasar un rato charlando y haces más, mucho más”.

 

 
 

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