Viaje con Alboan por las heridas abiertas de África

Viajamos con Alboan, una de las principales ONG dedicadas a la cooperación al desarrollo en Euskadi, para acercarnos a conocer la realidad en las zonas más conflictivas de África
18 de Octubre de 2009
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GERARDO ELORRIAGA/

La educación y la formación de personas y grupos, como vía para la promoción de la justicia, la potenciación de las organizaciones de transformación social y el impulso de políticas de desarrollo constituyen las principales vías de actuación de Alboan. La entidad ha promovido este viaje de los medios de comunicación para conocer la situación actual en la conflictiva región de Grandes Lagos y, particularmente, la acción del Servicio Jesuita de Refugiados (JRS), su contraparte en la zona. Esta entidad, dedicada a la ayuda de emergencia, cuenta con programas en más de cincuenta países.

El equipo del JRS dispone de una central regional en Bujumbura (Burundi) y una oficina en Goma, el epicentro del conflicto de Grandes Lagos. Su presencia constante a lo largo de todo el conflicto ha supuesto un apoyo para los cientos de miles de desplazados en la región. Dicha labor en la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial incluye desde la atención de urgencia a labores propias de la reconstrucción propias de esta última etapa de relativa calma.

Para Jerry Clark SJ, director de la oficina radicada en la capital de Kivu Norte, el reto actual consiste en acompañar a quienes regresan a sus lugares de origen y han de recuperar su vida cotidiana. Conseguir la reinserción superando los conflictos con aquellos que permanecieron en sus hogares, evitar las disputas por la explotación de las tierras o preservar la seguridad de los campesinos son algunos de los nuevos retos que han de compatibilizar con tareas anteriores como la asistencia a los más vulnerables o los esfuerzos en el ámbito de la educación.

En la consecución de ese objetivo ya han puesto en marcha misiones exploratorias para conocer los movimientos de los desplazados en su camino de regreso y un programa de reconstrucción de escuelas en Rutshuru y Masisi, las últimas áreas pacificadas, que asume tanto la rehabilitación de edificios como la formación de los enseñantes, generalmente muy precaria. A cambio, la entidad demanda la inclusión de los hijos de los desplazados en las aulas en igualdad de condiciones con el resto de los alumnos. El acceso a la enseñanza en Congo, teóricamente gratuita, se ve obstaculizado por el abono de la 'prima', un pago de los padres a unos maestros mal retribuidos.

Tensiones y economía

A juicio de Clark, en la guerra congoleña confluyen tensiones étnicas y apetencias económicas. «Tras el genocidio de Ruanda, los militares huidos traspasaron la frontera y se hicieron con el control de las minas, lo que les permitió conseguir armas y mantener sus posiciones», explica. Este proceder, imitado por el resto de los grupos armados, ha propiciado el expolio y el comercio incontrolado de las materias primas, favorecido por la escasa vertebración administrativa de Congo.

«Esto es una colmena», señala. «Cuando alguien quiere coger la miel, agita el panal y las abejas salen para atacar. Siempre hay alguien que se lo lleva y también quién pierde en el caos que se origina». Respecto al período de calma vigente tras la caída la aprensión el pasado 22 de enero de Laurent Nkunda, líder del Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo, se muestra cauteloso. «En Congo se firman acuerdos de paz y posteriormente se desatan operaciones militares».

A su juicio, entre los requisitos necesarios para mantener la calma, destaca el pago de salarios a los soldados, única manera de evitar la extorsión a la población. La última partida para las pagas desapareció en el trayecto entre Kinshasha y Goma, lo que generó protestas insatisfechas de los militares. «Las soluciones definitivas exigen un combate decidido de la corrupción», reclama. «En un país donde se pude vender todo difícilmente podemos hablar de desarrollo»
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