Maltrato

La psicóloga Itziar Luzarraga ha presentado una tesis en torno al riesgo de maltrato en las mujeres embarazadas. Según su estudio una tercera parte sufre algún tipo de violencia conyugal
02 de Noviembre de 2009
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Riesgo de maltrato en las mujeres embarazadas
Itziar Luzarraga defendiendo su tesis
El 33,3% de las mujeres embarazadas sufre algún tipo de violencia, mayoritariamente de carácter leve y de tipo psicológico, aunque un 0.7% padece maltrato físico. Esta conclusión aparece en  “Women, pregnancy and domestic violence in Spain’, la tesis de la psicóloga bilbaína Itziar Luzarraga.
La violencia en el seno de la pareja es aún más grave en el caso de las mujeres encintas ya que a las consecuencias para las víctimas se añaden los efectos secundarios en el feto y el recién nacido. No obstante, el porcentaje de afectadas por este fenómeno es mayor entre las no embarazadas, con una tasa de prevalencia del 51,3%.

El estudio, elaborado en Estados Unidos y presentado recientemente en la Universidad de Deusto ha sido dirigido por los doctores John Gottman y José Cáceres.  La especialista se ha basado en las respuestas de 232 usuarias de nacionalidad española atendidas en  centros médicos públicos y privados de Bilbao, de edad comprendida entre los 18 y 45 años, con una gestación no inferior a seis meses y un año de convivencia con su compañero.

La exposición a la violencia también es diferente en función de la gravidez. Las embarazadas resultan protegidas por los factores de riesgo asociados a sus características, como el historial personal de maltrato, pero se muestran sensibles a aquellos vinculados a sus parejas, ya sea el consumo de drogas, la insatisfacción u otros. En el caso de quienes no esperan descendencia, todos los elementos que las ponen en peligro están relacionados con ellas mismas.

Según explica Luzarraga, su análisis es novedoso porque, hasta la fecha, las investigaciones sobre violencia y embarazo no han discriminado cuando se trata del primer hijo, las mujeres en edad reproductiva son consideradas las de mayor vulnerabilidad y la transición a la paternidad es un momento estresante para ambos, sobre todo para los primerizos. “En la mayoría de los países se prepara a la mujer pero no se trabaja a la pareja para las transformaciones”, lamenta.

Con la llegada del bebé se producen cambios de roles, la esposa se convierte en madre, mientras que él tiende a centrarse en el trabajo para proporcionar todo lo que el recién nacido requiere. Este nuevo escenario propicia las crisis. “Los estudios han demostrado que el niño puede tener problemas de desarrollo emocional y cognitivo provocados por conflictos en la conexión emocional de sus padres”. En Estados Unidos, una estadística habla de que el 67% de los encuestados experimentaron un declive significativo en su satisfacción de pareja.

La investigadora alude a la conveniencia de implementar programas responsabilicen tanto sobre la nueva responsabilidad como a  la necesidad de preservar la satisfacción mutua. A ese respecto, cita el ‘Bringing Baby Home’ (BBH) o la llegada del bebé al hogar, un plan de actuación diseñado en Estados Unidos por el doctor Gottman para los nuevos progenitores y que ya ha sido puesto en práctica en trece países gracias a la difusión por quinientos educadores. “Los beneficios son evidentes, sobre todo en la presencia de menor hostilidad y más satisfacción”, señala. “Por ejemplo, entre aquellas madres que no lo siguieron la incidencia de  la depresión postparto fue del 66% y del 22% en el grupo de las que fueron atendidas por el BBH”.

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