Programa Beregain

Huyo de su país y en Bilbao, una historia sentimental dejó un hijo en su vida. Sola y con 17 años, el Programa Beregain fue verdaderamente su mano integradora y amiga
06 de Noviembre de 2009
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GERARDO ELORRIAGA /  Angèle Flore quería ser policía en Camerún, su país natal. “Me gusta cómo visten”, confiesa divertida. Pero sus sueños de uniforme se rompieron cuando hubo de abandonar la casa de su tía, una señora con la que vivía mientras estudiaba. “Tuve un problema y escapé”, explica.
Ella asegura, ahora muy seria, que no, que no había hecho nada malo, que, sencillamente, aquella pariente aparentemente generosa había organizado su venta a alguien que la pretendía. “Me marché sólo por la idea de querer que yo me fuera con un viejo de casi sesenta años sólo por dinero”, añade en un castellano aprendido rápidamente.

Fue acogida en el domicilio de una amiga, pero pronto supo de las amenazas de la alcahueta frustrada. “Me mandaba noticias, decía que si me encontraba me iba a matar”, asegura. El peligro parecía real y  la madre de su compañera urdió un costoso plan para poner tierra de por medio entre celestina y sobrina. Con los documentos de identidad de otra hija, adquirió un billete de avión y un día le notificó que, a la mañana siguiente, se iría muy lejos.

A Angèle se le quiebra su perenne sonrisa cuando recuerda su partida, el vuelo que la llevó a  Marruecos. Desde allí, un autobús la condujo hasta Bilbao, donde llegó a finales de agosto del pasado año sin comprender una palabra en castellano. “Ni siquiera  hola”.

Agradece a Dios que se encontrara con el muchacho congoleño que la acompañó a una comisaría de policía. Tres días después contactó con un joven compatriota con el que pronto entabló una relación sentimental y en octubre descubrió que, a sus diecisiete años, estaba embarazada.

La idea de abortar pasó por su cabeza, pero alguien a miles de kilómetros de distancia, consiguió disuadirla. “Mi madre me dijo que en la vida hay que afrontar cada situación y que en nuestra familia no se aborta porque somos cristianos”, recuerda. “Me explicó todo eso que yo no sabía”.

Hogar compartido con otras jóvenes
El centro de menores no acompañados donde residía le propuso una cita con los responsables de Beregain y, tras acordar su entrada, se integró en uno de los pisos de acogida. Hoy comparte ese hogar transitorio con otras tres jóvenes bolivianas también con hijos a su cargo. “Nos aguantamos bien”, afirma y reconoce que el programa de Itaka le ayuda mucho aunque hay noches que no duerme porque Karel, que ya cuenta cuatro meses, llora desconsoladamente y sólo se calma cuando lo acuna en sus brazos.

Ella reconoce que ser madre cuando apenas se ha alcanzado la mayoría de edad resulta complicado.”Claro que hay momentos en los que tienes ganas de disfrutar de la vida, pero cuesta, porque quieres salir pero te da pena dejar a tu hijo al cuidado de otras personas”.
Además de sostener su estancia y la del niño, la entidad le costea la guardería mientras lleva a cabo un curso de cocina y perfecciona su conocimiento de la lengua. “Me ayudan mucho para que salga adelante”, señala. “Gracias a ellos, estudio y me echan una mano en el cuidado del niño cuando estoy cansada”.

Vivir con 'los blancos'
No hay manera de borrar la alegría adolescente de Angèle, ni siquiera en esos momentos en los que habla de sus ilusiones frustradas o relata el cambio radical y rápido que ha tomado su existencia en tan sólo un año. “Nunca pensé que un día podría vivir con los blancos, siempre pensé en que eran diferentes. Yo imaginaba una vida allí, en Camerún, como mis compañeras”.  

En cambio, ahora ya ni se imagina el regreso y su mayor aspiración radica en formar una familia con su novio, también integrado en Itaka. Quiere trabajar y ahorrar, conseguir una casa propia… ¿Y tal vez presentar al pequeño Karel a los lejanos abuelos? “Sí, me haría mucha ilusión”, admite, aunque una sombra recorre sus ojos brillantes. “Cuando me fui de la casa no quise ir donde mi madre porque me preguntaría que me había pasado con su hermana y la conozco. Si se entera, habrá problemas, seguro. No sé si algún día lo podré contar a mi familia”.

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