Homenaje en Bilbao

Familiares y colaboradores del filántropo le homenajearon en Bilbao
09 de Noviembre de 2009
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
GERARDO ELORRIAGA/ «El mejor homenaje que podemos hacer a mi padre es renovar el compromiso que tenía con su trabajo y sus sueños». Con esas palabras resumió ayer en Bilbao Moncho, el hijo de Vicente Ferrer, la titánica labor que desarrolló a lo largo de toda su vida el filántropo catalán. Un hombre en cuyo vocabulario, desveló ayer su hijo, estaban prohibidas tres palabras: 'cansancio', 'imposible' y 'vacaciones'.

El acto en honor de Vicente Ferrer, celebrado en el Palacio Euskalduna de Bilbao, supuso una oportunidad excepcional para reivindicar las iniciativas bienintencionadas de todo tipo, condición y tamaño. «Porque él decía que las buenas acciones, aunque fueran muy pequeñas, nunca se perdían en este mundo y que siempre contribuían a cambiarlo», recordaba Moncho, protagonista del evento junto a Jordi Folgado, director general de la entidad en España.
El hombre que empeñó cincuenta años de su vida en luchar por los más pobres de la India fue ensalzado en un encuentro de afiliados, socios y patronos de la fundación que lleva su nombre. «Es, sobre todo, una ocasión para recordar la obra que llevó a cabo y animar a nuestros colaboradores a seguir con su labor».

Redimir a los intocables
El pasado mes de junio falleció el ex jesuita, impulsor de un gran proyecto de desarrollo integral en Anantapur, región meridional muy deprimida del subcontinente. Ese esfuerzo iba dirigido espacialmente a redimir a los marginados 'dalits' o intocables, los más desfavorecidos en el sistema de castas local. Aunque en el vídeo con el que se abrió el acto Ferrer hablaba de sus razones para acometer ese ambicioso sueño, su sucesor prefería resaltar su condición de hombre con los pies en el suelo. «Todo el mundo habla de mi padre como un filósofo, pero, en realidad, era un hombre cercano a la realidad», adujo. «Es que para trabajar en India y conseguir resultados a lo largo de medio siglo has de ser muy práctico».

Hasta que se creó la fundación, en 1996, la organización de Vicente Ferrer trabajaba en 300 poblados. A partir de entonces se amplió a 1.800 municipios. Ahora trabajan en 2.300, según desvelaron ayer sus sucesores. La intención de Moncho Ferrer es superar el marco en el que han desarrollado su labor hasta ahora, el distrito de Anantapur, e implicarse en zonas donde viven comunidades tribales, que son los más marginados de la India.

Aunque no pudo acercarse hasta la capital vizcaína por problemas de salud, el testimonio de Anne Perry, la periodista inglesa que se convirtió en esposa del ahora homenajeado, también tuvo su lugar en la ceremonia. Moncho reconoce que, a lo largo de su infancia y juventud, ha compartido a ambos con más de dos millones de personas, las beneficiarias de sus proyectos. «Desde muy pequeño he sabido que no era sólo mi padre, puesto que allí todo el mundo lo llamaba así, y yo me sentía muy orgulloso de él», afirma, y explica que su progenitor siempre vivió entregado a la causa de los más pobres.

«No hay nada imposible»
Además de la necesidad de ser pragmáticos, Ferrer también proporcionó otros consejos que su familia reivindica, como la necesidad de compartir. «Nos aseguraba que no hay nada imposible, que todos los problemas pueden ser abordados, y su vida así lo demuestra», señala Moncho, quien no lamenta que su padre falleciera sin haber recibido el Premio Nobel de la Paz.
Paralelamente a la celebración de actos en su honor en varias ciudades españolas, una campaña reclama apoyos autonómicos para su candidatura. El no quería premios ni reconocimientos», advierte su hijo. «Nuestra ONG, conocida como Rural Development Trust, es la más grande de la India con menor publicidad. Mi padre siempre decía que los galardones sólo merecían la pena si eran productivos».

El hijo del gran cooperante catalán, de treinta y siete años, no parece abrumado por las dimensiones del legado paterno. Al contrario, apunta que nada le hace más feliz que disponer de la oportunidad de trabajar en el sitio correcto por quienes más lo necesitan. «No podemos aspirar a ser como él, pero yo he aprendido mucho y sé que tengo aún mucho por aprender», alega.

Moncho es subdirector de Programas en una organización que cuenta con mil novecientos trabajadores y se estructura en diversas áreas: las de educación, sanidad, vivienda, discapacidad, mujer y ecología. Aunque comparte con su madre un cierto liderazgo, no cree que la Fundación Vicente Ferrer sea una ONG familiar. A ese respecto, apunta el hecho de que sus dos hermanas no pertenecen a la entidad. «Mi padre estaba contento de que estuviera ahí, pero yo prefiero pensar que me ha llevado la providencia».


Siguenos a través de:TwiterFacebookRSS

BUSCADOR AVANZADO

Vocento

Creacion paginas web