Maltrato
El punto de partida de Garaitu, el programa para mujeres que sufren o han padecido la violencia doméstica, parte de la elaboración de un itinerario personal consensuado entre la beneficiaria y el servicio de atención. “Es el principio de un cambio que existe tanto el acompañamiento educativo como la incorporación de recursos necesarios para reconstruir su vida”, señala Aitziber Bañuelos, su responsable.
Algunas de las usuarias mantienen el contacto con el individuo causante de su dolor y reciben un apoyo específico “para que se encuentren lo mejor posible y tomen decisiones al hilo de su situación actual”. En ese propósito, la asociación ofrece cada semana sesiones grupales e individuales y se fomenta la creación de espacios de ocio e interacción social. Paralelamente, Margotu ofrece un centro para menores al que pueden acudir los hijos de de las afectadas mientras acuden a las reuniones.
Sesiones grupales e individuales
En estos encuentros se plantean cuestiones peliagudas como el sentimiento de vergüenza, la soledad, la culpabilidad más o menos encubierta y los conflictos familiares que pueden girar en torno a un fenómeno de este tipo. No existe un perfil de las beneficiarias ni por su origen social, nacionalidad o edad. También varía el tiempo dentro del maltrato y la diferente victimización producida.
Encontrar una nueva perspectiva
La puesta en común de sus experiencias supone un paso decisivo en ese esfuerzo para iniciar una nueva etapa. “Se ven en el espejo de sus compañeras y se dan cuenta de que no son raras, que hay otras como ellas”, explica la gestora. “El intercambio les da una perspectiva nueva y les abre las miras”.










