Terapias en prisión
Desde 2007, esta entidad sin ánimo de lucro, dedicada a la preparación de perros de asistencia y terapia, colabora con Bidesari, colectivo vinculado a la Pastoral Penitenciaria de la diócesis vizcaína y especializado en la problemática de la población reclusa.
BBK Obra Social apoya la realización de cursos de educación canina con los internos de la cárcel de Basauri, salidas de fin de semana y estas charlas en las viviendas de tránsito. “Participar en todo el ciclo facilita el seguimiento y que la comunicación resulte más fluida”.
Un soplo de la Naturaleza en el espacio cerrado
El primer contacto en prisión con el perro suele ser emocionante. Según explica, su presencia facilita la relación tanto con los presos como los funcionarios. “Entra algo libre, sin prejuicios, son un soplo de la Naturaleza en ese especio cerrado de hormigón y los reclusos valoran el gesto porque la gente no suele ir a un sitio como ése y, además, con tu animal”.
El contexto penal suele inhibir las emociones y los seminarios propician también que los sentimientos afloren sin miedo a expresar debilidad. “No entramos como profesor y alumnos, es una relación horizontal que permite rápidamente el establecimiento de vínculos”.
Valores extrapolables a la vida cotidiana
Se habla de cómo mejorar la relación con la mascota pero también de valores y hábitos extrapolables a la vida cotidiana. “Hablamos de no al castigo, la fuerza y las jerarquías, de cómo los perros evitan los conflictos, de la higiene y el cuidado de la salud, por ejemplo”, explica. “Pero empezamos hablando de perros y podemos acabar haciéndolo de cualquier otra cosa”.
Voluntarios en albergues caninos
Mientras ‘Chiste’ se dirige indistintamente a todos los asistentes, la conversación gira en torno a la elección de correas adecuadas o la responsabilidad que hemos de asumir cuando adoptamos un cachorro. “Los asistentes enseguida quieren tener un perro, pero les aconsejamos que se cuiden ellos, que sigan un tratamiento de rehabilitación y asuman la reinserción, que hay que ser realista”.
Para quienes mantienen su ilusión y ya han iniciado el camino que les ha de llevar de nuevo a la libertad completa se les recomienda actuar como voluntarios en albergues caninos o que acudan a los cursos que Aepa organiza para el público en general. “Es otra forma de normalizar”, aduce. “Salen del entorno en el que han vivido y se relacionan con otra gente”.
Todos hablan y comentan sus experiencias con mascotas hasta que ‘Chiste’ deja de curiosear. “Si el perro no está bien no vale”, mantiene su cuidador. “No hay de sufrir en las terapias ni los cursos convertirse en exhibiciones de saltos. Hacemos ejercicios que a ellos les puedan gustar, como oler, buscar, comer. No hay que sacrificarlos para que las personas estén bien. Además, a los usuarios les gusta que las mascotas estén contentas. Favorece su autoestima que el animal esté feliz junto a ellos”.










