Fundación Itaka Escolapios

El trabajo se ha convertido en un sueño difícil de conseguir y la Fundación Itaka Escolapios continua trabajando por evitar el desánimo y seguir motivando a los jóvenes que participan en sus programas de integración
19 de Abril de 2010
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"Estamos empeñados en evitar el desánimo"
Joseba Alzola y Jose Antonio Fuerte / Foto: Mireya López
GERARDO ELORRIAGA/ En este país hubo tiempos de bonanza económica, tan buenos, que los estudiantes recibían ofertas laborales de las empresas que los acogían en período de prácticas. Los beneficiarios del programa Aukera, promovido por la Fundación Itaka-Escolapios, recuerdan dicha época, pero son conscientes de que la actual demanda de soldadores, cocineros o carpinteros ya no es tan alta como hace tres o cuatro años. Esos frustrados jóvenes inmigrantes han llegado a Bilbao persiguiendo un sueño cada vez más difícil de materializar y la entidad intenta facilitar esa inserción gracias a su servicio de pisos de acogida en los que permanecen mientras adquieren los rudimentos de un oficio.

El año pasado, el proyecto de Itaka fue uno de los galardonados con las ayudas de 'País Vasco, un alma solidaria', el plan de ayudas al Tercer Sector impulsado por el EL CORREO, con el patrocinio del Gobierno vasco y la colaboración de BBK. El objetivo de esta iniciativa es complementar la formación encaminada al empleo con otra serie de habilidades como la organización doméstica y la higiene, además de dotarlos de nociones de matemáticas o informática. Entre otras facetas más personales, fomentan la autoestima e imparten conocimientos en materias como la sexualidad.

Además, la organización, surgida en el seno de la orden religiosa hace nueve años, promueve su relación con otros muchachos vinculados al colegio. «Queremos que se relacionen con chicos y chicas que pueden tener similares inquietudes», indica José Antonio Fuentes, coordinador de su área de Acción Social. Menciona al respecto las excursiones o los campos de trabajo en los que toman parte unos y otros. «Es importante que se sientan valorados y aceptados».

Pero la realidad condiciona las buenas intenciones. Los adolescentes provenientes del norte de África creen que encontrarán trabajo al día siguiente de su llegada. Tras su paso por un centro de menores, muchos tampoco cumplen esa ilusión e, incluso, hallan obstáculos aunque reciban una preparación adecuada al nuevo contexto. Hasta ahora aceptaban realizar la capacitación porque confiaban en culminar su deseo tras cumplir los plazos académicos, pero ahora se incrementa la incertidumbre porque los propios profesores les advierten de las nuevas dificultades que les esperan tras licenciarse.

Alternativa a los afectados por la crisis
El año pasado cuatro abandonaron la vivienda y tan sólo dos encontraron ocupación, recuerda Fuentes, quien teme que la situación se repita a lo largo del presente curso. El reto de la institución es proporcionar una alternativa a aquellos afectados por la crisis. Aunque dispongan del anhelado permiso de residencia, parecen abocados al paro. «Y no tiene sentido que vuelvan a la calle», defiende. «Tenemos que replantearnos los plazos y las salidas».

La intención del programa es prolongar su instrucción tanto en las aulas de la fundación Peñascal, donde adquieren sus conocimientos profesionales, como en los pisos, mientras prosigue la búsqueda de un puesto de trabajo. «Estamos empeñados en evitar el desánimo», alega. «La idea es que, mientras se mantiene la expectativa de hallar empleo, se matriculen en nuevos cursos o que amplíen sus estancias en prácticas».

Plan personalizado apoyado en tutorías
Cada beneficiario dispone de un plan personalizado apoyado en tutorías, aunque la mayoría comparte preocupaciones como su responsabilidad con las familias que dejaron en la tierra de origen, con las que conservan una comunicación fluida. Ellos han venido con la intención de proporcionar medios a los suyos y se sienten impotentes ante la falta de oportunidades. «Los padres no se hacen una idea del panorama, tienen dudas, creen que no hacen nada aquí, y nosotros tratamos de contrarrestar las presiones que ejercen sobre los hijos», explica. «Algunos lo entienden y se tranquilizan porque ven que, aunque no sucede lo esperado, no están perdiendo el tiempo».

Programa Beregain
Además de este proyecto, Itaka cuenta con otra propuesta, aún más veterana, en el ámbito del Cuarto Mundo. Su programa Beregain atiende a jóvenes madres sin recursos procedentes de familias desestructuradas. Como en el caso anterior, son extranjeras y generalmente abordan la maternidad sin pareja. La intención de la fundación es dotarlas de medios para que accedan al trabajo. «La misión no e otra que educar», aduce Joseba Alzola, coordinador del área de comunicación, y sintetiza la estrategia que ha desarrollado en la última década: «Donde hay una necesidad tenemos que actuar».
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