VII Foro por la Igualdad de Emakunde

Esta frase ha sido elegida por Cáritas Bizkaia para abrir una mesa redonda en el que cinco hombres, representantes de diversos sectores de la sociedad civil, han confesado su visión del proceso de equiparación de género
14 de Mayo de 2010
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"Señores, tenemos que hablar"
Mikel Ruiz, Iñigo Lamarca, Javier Gutiérrez, Kepa Rekakoetxea y Pablo Angulo
G.E./ La atmósfera se tensa cuando una mujer formula esa expresión de ‘tenemos que hablar’ porque la experiencia demuestra que tras dialogar, la situación empeora o, a menudo, el resultado no admite vueltas atrás ni posibles negociaciones. En cambio, esta frase ha sido elegida por Cáritas Bizkaia para abrir un encuentro-mesa redonda en el que cinco hombres, representantes de diversos sectores de la sociedad civil, han confesado su visión del proceso de equiparación de género. El pasado día 13, en el marco del VII Foro por la Igualdad, la ONG organizó un debate en el que se pusieron de manifiesto las luces y sombras en la consecución del objetivo.

La feminización de la pobreza
Mikel Ruiz, director de Cáritas, aseguró que su organización no tendría la sensibilidad que la caracteriza sin la aportación de sus trabajadoras y voluntarias, absoluta mayoría. Según explicó, ellas aportan un estilo de trabajo, la necesaria reflexión y toda una cosmovisión.
Pero el gerente también reconoció el fenómeno de la feminización de la pobreza, porque son mujeres el 60% de las personas beneficiarias de los servicios de Cáritas. También añadió que la discriminación, el sufrimiento, la explotación y la humillación se convierten en elementos comunes cuando ambas condiciones, la de ser mujer y carecer de medios, concurren.

Cuestión de derechos humanos
El Ararteko, Iñigo Lamarca, explicó que el debate ha de situarse en el marco de los derechos humanos, de la justicia e igualdad entre todos los individuos y que, por tanto, atañe a hombres y mujeres. Pero también reveló que el machismo afecta a los varones, porque les ha impedido tradicionalmente expresar sus emociones.

En su intervención también aludió a la implicación de las instituciones públicas en el proceso, señaló la imposibilidad de ser neutrales ante la injusticia y el hecho comprobado de que aún se transmiten valores sexistas en la infancia. Sin embargo, admitió que la clave está en el ámbito privado, donde la responsabilidad sigue copada por los hombres e, incluso, en los espacios festivos, también monopolio masculino.

 La ética de la igualdad
Javier Gutiérrez, director de la empresa Vidrala, explicó su concepto de la ética de la igualdad, un valor que tiene que ver con la moral, de largo alcance, creativo, expansivo, ligado a la dignidad de la persona y no con el ordenamiento jurídico porque, según señaló, el predicar igualdad con las leyes tiene un recorrido corto.
Enn su opinión, los cambios en seno de la pareja se relacionan con el incremento del nivel cultural y señaló que era injusta la acusación de que la mayor discriminación se daba en las empresas. También recalcó la necesidad de valorar en su justa medida, de una vez por todas, la función de procrear.

Apostar por las utopías
Kepa Rekakoetxea, director de Bultz-Lan, afirmó que sólo apostando por las utopías conseguiremos realidades importantes, y que el siglo XXI había de ser de las mujeres. Para alcanzar la igualdad, el gerente hizo hincapié en la necesidad de interiorizarlo como paso previo para llegar al compromiso real y efectivo.

A su juicio, el principal obstáculo se encuentra en la influencia cultural, perpetuada durante siglos, e indicó que, hasta el momento presente, la conjunción del movimiento de mujeres, la evolución de las relaciones y las leyes se habían convertido en los principales actores para superarla.
 
El techo de cristal
Pablo Angulo, director de Programas de Innobasque, fue especialmente crítico con la situación de discriminación. Las diferencias en el acceso al empleo o en el salario en el empeño del mismo trabajo son, a su juicio, prueba de la inequidad, pero también apuntó el preocupante hecho de que las mujeres con hijos no pueden formarse en igualdad de condiciones con los hombres.

Aunque admitió el salto cualitativo producido, lamentó cierta complacencia ante lo obtenido y la falta de percepción de la realidad. A ese respecto, denunció que el techo de cristal permanece y no se romperá a corto plazo. También que la pobreza sigue teniendo rostro de mujer, pero también el voluntariado social, y recalcó que la conciliación entre profesión y vida personal se mantiene en unos niveles escandalosamente bajos.

 
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