Teleasistencia

La iniciatiava, puesta en marcha por Auzolan, cuenta con el apoyo de BBK y permite ya que 37 vecinos del barrio de Orue en Amorebieta-Etxano dispongan de un servicio de teleasistencia
19 de Julio de 2010
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Los mayores de los caseríos de Amorebieta-Etxano no están solos
Servicio de teleasistencia puesto en marcha por Auzolan
G.A./ Veintiún caseríos del barrio de Orue en Amorebieta cuentan con un centro de atención que les proporciona seguridad y confianza. A través de una red privada de transmisión inalámbrica, sus vecinos, personas mayores, se hallan en comunicación durante las veinticuatro horas del día con una terminal.

Entre otras prestaciones, el servicio avisa al usuario de las alarmas detectadas que controlan escapes de gas, de la presencia de humo o de una inquietante inactividad, asimismo envía mensajes recordatorios a través de la televisión, apoya sus ejercicios de rehabilitación o controla sus constantes vitales.

Solución en su propia casa
Los promotores de este proyecto, conocido como Auzolan Senior, son un grupo de voluntarios vinculados al entorno de los padres pasionistas. Cuando, hace cuatro años, se celebró el medio siglo del establecimiento de la orden en el barrio, elaboraron un libro en torno a la zona en el que se desvelaron algunas de sus principales necesidades. “Encontramos un problema de aislamiento y dependencia de individuos de la 'tercera edad' y quisimos responder sin llevarlos a ninguna parte, porque donde están mejor es en sus casas, a las que están muy arraigados”, explica Sergio Murillo, uno de sus creadores, para quien la solución radicaba en proporcionar medidas realmente efectivas.


Colaboración fundamental de BBK
“Se trataba de una apuesta por distribuir equitativamente unos recursos que siempre olvidan a las áreas rurales”, señala. “Es algo que les debemos”.  La entidad, sin ánimo de lucro, propuso la puesta en marcha de un sistema de asistencia apoyado en las nuevas tecnologías.
Con el asesoramiento de Ikubo, consultoría especializada en redes y servicios de telecomunicaciones, y el centro tecnológico Robotiker, en el 2008 establecieron el proyecto piloto con ocho beneficiarios. BBK apoyó la primera fase y desde mayo de 2009 al momento presente ha contribuido a mantener la centralita y ampliar el número de abonados. “Su colaboración ha permitido dar los pasos fundamentales con seguridad”.


Protagonismo de los usuarios
Auzolan Senior pone el acento de su servicio de teleasistencia en el protagonismo de los usuarios. “Esta solución la han diseñado ellos y la aceptación es directa”, arguye Murillo, y sitúa en este carácter voluntario y participativo la clave del éxito. “Los vecinos nos llaman para pedir el servicio y no hay problemas para aceptarlo porque ya lo conocen. Se ha socializado el mensaje”.

El teléfono y el monitor de televisión, aparatos domésticos comunes, son las vías de conexión. “Otros recursos son más intrusivos, mientras que aquí son elementos ya familiares con los que interactúan tranquilamente”, alega y rechaza los controles exhaustivos o la monitorización permanente de toda actividad. 

Sentirse escuchados
“Ellos cargan la información que quieren”. Frente a detectores de movimiento, se han elegido procedimientos menos agresivos como un detector de apertura del frigorífico que genera un aviso si constata que la puerta del aparato no ha sido abierta en veinticuatro horas. “Han de sentirte en su casa y ser escuchados”, alega.

Extensión a otros municipios
Mantener este laboratorio virtual e, incluso, replicarlo, han constituido los objetivos de  Auzolan Senior a lo largo de este tiempo. Los usuarios siguen implicados en la mejora de la atención recibida y los responsables del servicio se plantean su extensión a otros municipios vizcaínos que ya han manifestado su interés al respecto.
“Siempre les planteamos una reflexión sobre la mejor manera de entrar y si no la hay, como ocurrió con el bagaje pasionista en Amorebieta, habrá de ser la Administración la que la implemente, aunque habrá de enfrentarse a más reticencias”.

Además de estas iniciativas, el colectivo se ha unido a otras propuestas similares en Chipre, Grecia, Alemania y Gran Bretaña para testarlo conjuntamente y cruzar información. Paralelamente, cada año, se realiza una revisión del sistema en el que se plantean nuevas demandas que se trasladan a los colaboradores técnicos. “Estamos hablando de un servicio que costaría 5,5 euros al día con 100 personas conectadas y una estructura permanente de atención, en total, 180 euros al mes, lo que supone un precio accesible para un importante sector de población capaz de beneficiarse”.

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