Visita a los pisos del Programa Etxeratu

Koldo y Maite nos cuentan cómo viven en un piso de Txurdinaga. Sara, Cris, Sandra y Marina nos relatan su experiencia desde el piso de San Adrián. Dos hogares que suponen el punto de partida a una vida más autónoma e independiente
22 de Diciembre de 2010
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M.R.R/ No hay secretos en esta casa. Es como el resto. En Txurdinaga, Koldo, Maite, Elena y Yanire trabajan, conviven, se reparten las tareas, hacen las compras, liman las asperezas con diálogo e intentan llegar a fin de mes.

Koldo (30 años)
Nos cuenta el menú de la noche, alitas de pollo al horno, que ha visto hacer a Karlos Arguiñano. Intentará emular al televisivo cocinero y cocinar para él y sus tres compañeras de piso. Se acostará temprano porque el despertador rugirá a las 4.30 horas de la mañana. Toca ir a trabajar a Eroski, donde desde hace cuatro años es reponedor a media jornada, gracias al Programa Lan de la Fundación Síndrome de Down del País Vasco. Y luego al colegio,  donde estudió de pequeño. "Soy voluntario y ayudo a la hora de comer", cuenta con normalidad.

No se siente discriminado, "a quien me discrimina, le discrimino yo" ,  y está convencido de que las personas como él, con Síndrome de Down ", pueden hacer todo, cualquier cosa,  si tenemos ayuda". Para él, la Fundación le ha dado esa oportunidad. "Me ha dado la vida. Antes estaba en otro trabajo que no me gustaba y ganaba muy poco. Hablé con mi padre y, desde entonces todo ha ido mejor". También fue él el que propuso la aventura de independizarse. "Me gusta hacer de  todo y, además, vivo con tres chicas. En mi trabajo me dicen que vaya suerte".
LLeva un año viviendo solo y está "encantado. De aquí me iré cuando encuentre un piso de alquiler". De hecho, está inscrito en las listas de Etxebide. Pero no le gustaría vivir solo, sino con más compañeros,  y tiene en mente proponérselo a su hermana.

Maite (41 años)
Está tan satisfecha con su emancipación que cuando se le pregunta qué es lo que más le gusta responde que "hacer las tareas". A su lado, Virginia, una de las profesionales de apoyo de la Fundación, se ríe y bromea con ella. Al final, con mirada pícara, reconoce que en realidad lo mejor es "hacer juerguillas" de vez en cuando. Tiene clarísimo que quiere vivir sola. Pero sola, sola. "Yo me arreglo muy bien", dice segura.

A pesar de su deseo y de que espera que su inscripción en las listas de Etxebide dé sus frutos pronto, Maite está totalmente integrada con sus compañeros y no olvida a todos los profesionales que en algún momento le han prestado apoyo. "Ellos nos ayudan, nos hacen la vida más fácil, nos enseñan".

Ella, por ejemplo, no tiene problemas en reconocer que necesita alguna ayuda para aprender a controlar el dinero: "Es lo que más me cuesta". En cualquier caso, su discapacidad no es ningún obstáculo para trabajar como ayudante de tienda en Telepizza desde hace seis años. Ni tampoco para ir al gimnasio, al cine, a tomar algo al Casco Viejo y a visitar a su madre en Algorta. Es feliz. Sólo espera algún día conseguir esa vivienda en la que "hacer mi vida".

Piso de San Adrián
En San Adrián se reparte todo. Hasta los turnos de la televisión. Cris, Sara, Sandra y Marina se dividen religiosamente las labores del hogar en un cartel de vivos colores que cuelga de una de las paredes del piso.
Sin embargo, todos los participantes no comparten las mismas conclusiones.  Es el caso de Sara (20 años). Sabe que le queda poco. Están a punto de acabar sus tres primeros meses lejos de sus padres y tiene ganas de regresar. "No me gusta vivir sola y tengo ganas de volver a mi casa", dice.  Cristina sin emabrgo piensa todo lo contrario.

 Cristina (23 años)
No es la primera vez que Cristina está en San Adrián,  y lo único que quiere es comprarse una casa. Es la que lleva la voz cantante en una vivienda que destaca por la juventud de sus moradoras. El trío lo completa Sandra,  que dice estar “bien y a gusto".  De las tres, Cris es la única que trabaja. Lo hace en la empresa Prosegur,  como ayudante de oficina. Cuenta que su familia la echa en falta, pero insiste una y otra vez en que quiere comprarse una casa. Da la impresión de que no es del todo consciente de lo que cuesta adquirirla, aunque sin duda lo que tiene claro es que quiere hacer su vida, ser indepenciente y vivir a su aire.





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