Las personas que cuidan a familiares dependientes y su aportación social

Son fuertes y están acostumbradas a luchar contra viento y marea. Cuidan a sus familiares dependientes, pero no siempre cuentan con el reconocimiento públco que se merecen, sobre todo, si tenemos en cuenta su contribución económica a la sociedad
31 de Marzo de 2011
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Marta R. Román/  Vivir el día a día, no pensar demasiado en lo que vendrá y, sobre todo, ser fuerte frente a la enfermedad. Estas son las consignas de María Ángeles, Karmele y Daniel,  que desde hace años cuidan a sus parejas aquejadas de Parkinson y Alzheimer. Como ellos, 25.000 personas en el País Vasco se dedican cada día a cuidar de algún familiar dependiente, muchas veces en solitario y con escasas ayudas públicas.
Cuidados y preocupaciones que suponen un ahorro de más de 1.000 millones de euros a las diputaciones forales, según se desprende del estudio que han elaborado recientemente de forma conjunta las universidades de Castilla-La Mancha, Murcia y la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED).

Con este dato sobre la mesa, ¿qué pasaría si todos esos cuidadores y cuidadoras decidiesen un día dejarlo? Una pregunta que sin duda invita a la reflexión. Son especialistas en estar ahí,  contra viento y marea, muchas veces a costa de su propia salud,  pero también necesitan ayudas y reconocimiento.

¿Qué ocurrirá mañana?
Ni María Ángeles, ni Daniel,  ni Karmele cuentan con ayudas públicas. En sus casos, la enfermedad aún permite a sus cónyuges ser bastante autónomos, lo que no saben es qué ocurrirá mañana. Una pregunta para la que ni tienen respuesta, ni se la quieren plantear. "Cuando llegue,  ya veremos", explica  María Ángeles, que lleva 'lidiando' con el pesimismo de su marido tres años. "Para él fue un palo tremendo oír el diagnóstico. Siempre ha sido una persona bastante decaída y ahora tengo que ser fuerte para él", nos cuenta desde la Asociación de enfermos de Parkinson de Bizkaia (Asparbi), donde cada tarde acompaña a Pedro, su marido. 

"En unos años las mujeres no renunciarán a su trabajo"
De momento, con 64 y 65 años,  ambos se arreglan solos. Una buena noticia para los fondos públicos. En este sentido Laura Correa, trabajadora social de Zaintzea, centro municipal gestionado por Supergintza y especializado en ofrecer ayuda a familiares cuidadores en Bilbao, es clara en su reflexión:  "Actualmente existe un claro problema de recursos y dinero. Las administraciones no tienen capacidad de absorber la demanda,  y seguramente  en unos años va a ser peor porque el modelo mediterráneo de cuidado familiar va a ir desapareciendo. Las nuevas generaciones no tienen tantos hijos,  ni las mujeres renunciarán a sus trabajos para dedicarse al cuidado de sus familiares dependientes",

Perfil:  mujer,  esposa o hija
Zaintzea es un microcosmos de lo que ocurre en Bizkaia y sus conclusiones pueden ser también extrapolables al resto del Estado. De hecho, en su memoria de actividades de 2010 el perfil de persona cuidadora es casi un calco de los últimos datos publicados por el  Imserso y recogidos en la guía editada por BBK y la Diputación Foral de Bizkaia: 'Guía práctica para personas cuidadoras de personas dependientes': mujer,  hija o esposa, de entre 45 y 65 años,  que lleva una media de tres años cuidando a una persona dependiente. "Hay hombres cuidadores pero, en ese sentido, todavía no ha habido un cambio generacional y las mujeres seguimos arrastrando esa carga educacional que nos convierte en las cuidadoras por excelencia", explica la trabajadora social.

"Delegar, delegar y delegar"
Alberto Díaz, psicólogo en ASPARBI,  está de acuerdo en ese diagnóstico y además considera que mujeres y hombres viven de manera diferente,  tanto la enfermedad,  como el cuidado. "Ellas, y más en personas mayores, tienen muy interiorizado el papel de amas de casa y cuidadoras de sus familias. Siguen queriendo hacer todo y acaban muy saturadas. Si son enfermas porque quieren seguir con el mismo ritmo y no pueden, y si son cuidadoras porque los maridos acaban dejando de hacer lo poco que hacían". El consejo de Alberto Díaz es "delegar, delegar y delegar. No se puede estar seis horas con el enfermo, seis horas con la casa, seis horas con los nietos y cuatro para dormir".

No obstante, Laura Correa reconoce que son las mujeres a las que más les cuesta pedir ayuda. "Son cuidadoras siempre y por tradición,  y esto se nota en las cosas más sencillas". Como ejemplo nos confirma  que "las mujeres cuidadoras hacen más labores relacionadas con el aseo y movilización, mientras que los hombres cuidadores van más a las compras o se encargan de los paseos. No les cuesta tanto pedir ayuda profesional para temas de aseo,  porque para ellos sigue existiendo un pudor con respecto a lo físico,  que las mujeres tienen asumido".

A los hombres les cuesta hacer pública su condición de cuidador
Daniel, con 69 años, es uno de los pocos cuidadores con el que nos hemos encontrado. Lleva 19 años cuidando de su mujer  María Purificación,  que tiene Parkinson. El diagnóstico llegó pronto, a los 48 años,  y hasta hace seis años,  "prácticamente hasta que me jubilé, se encargaba ella de todo". Daniel se ocupa ahora de las labores de casa y  de "los recados". "Hay que seguir tirando para adelante y si algún día necesito ayuda profesional la contrataré, pero de momento nos arreglamos bien", cuenta. Reconoce que son pocos los hombres cuidadores y que, incluso entre los que cuidan a sus mujeres,  se habla poco del tema. Una realidad que también apunta  el sicólogo de ASPARBI "La mujer se manifiesta en público como cuidadora, cosa que los hombres no hacen".

Síndrome del cuidador: atención sin recursos
Las consecuencias de realizar un trabajo sin visibilidad social, poco valorado y hasta cierto punto por obligación, no tardan en llegar . Desde 2007, Zaintzea ha realizado algo más de 4.000 intervenciones de las que más del 30% incluyeron apoyo psicológico. Desde hace años se habla del síndrome del cuidador, un trastorno psicológico que, según algunos estudios,  afecta al 85% de las personas cuidadoras no profesionales en España. Y el  83% de quienes lo sufren son mujeres.

Desde su experiencia, Laura Correa estima que "la ayuda domiciliaria resulta escasa, al menos es lo que nos dicen a nosotras aquí,  y tampoco hay compatibilidad. Si optas por la ayuda a domicilio no puedes optar por el centro de día. Tienes que elegir y es un hándicap. Se dan situaciones en las que una persona no puede ir a un centro de día porque también necesita ayuda profesional para movilizarle. Cada vez se sabe más de la importancia de un buen cuidado.".

Si la trabajadora social dibuja un panorama actual de "mucha voluntad,  pero escasos recursos económicos", el futuro no se presenta mucho mejor. "Hoy en día, las familias siguen siendo el pilar, pero existe un cambio de tendencia que hará inviable este modelo. Por ejemplo, estamos viendo madres de 40 o 45 años con hijos en edad escolar,  que a su vez  tienen que trabajar y cuidar de un familiar. Es un encaje de bolillos que no tendrá solución sin una buena cartera de servicios públicos".


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