Chernóbil, 25 años después

Tatiana Potapenko, enfermera en la central nuclear de Chernóbil, nos cuenta cómo vivió la noche de la explosión
06 de Mayo de 2011
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No debía estar en ese lugar y en ese momento pero Tatiana Potapenko, que en 1986 tenía 32 años, cambió a última hora de planes. No fue a pasar el fin de semana con sus padres y se quedó en Pripyat. Allí vivía desde 1977 trabajando en la policlínica de la central nuclear de Chernóbil como enfermera. A las dos de la mañana tocaron a su puerta para darle la fatal noticia. El reactor 4 había explotado.

M.R.R/ "No sabíamos lo que era la radiación. La gente llegaba quemada con la piel marrón, nunca habíamos visto eso", cuenta Tatiana. En las horas posteriores, médicos y enfermeras trataron a numerosas personas sin protección alguna y sin saber exactamente a qué se enfrentaban. La casualidad quiso también que la policlínica estuviese en esos momentos en obras con lo que el caos fue mayor. Cuenta esta enfermera que solo, al día siguiente, comenzaron a llegar helicópteros y doctores procedentes de Moscú. "Querían hacer pruebas. Los liquidadores trabajaban una semana y descansaban otra en el hospital. Ese era el momento de hacerles diferentes exámenes médicos y saber qué efectos tenía la radiación en sus organismos". 

Desalojo de tres días

Como muchos otros testimonios, Tatiana confirma que la información llegaba con cuentagotas y era muy confusa. Recuerda, por ejemplo, que cuando comenzó la evacuación de Pripyat en la tarde del domingo, les convencieron de que ésta sería momentánea. "Se fueron inmediatamente los que tenían hijos pequeños y al resto nos dijeron que en tres días volveríamos a nuestras casas. Por eso la gente se fue tranquila sin llevarse nada. Nadie podía pensar que iba a ser para siempre". Efectivamente, el realojo no se produjo nunca. Ella llevó a su hijo de seis años a Odesa durante un tiempo hasta que finalmente, junto a su marido, se trasladaron a Kiev donde reside actualmente.

A pesar del horror vivido, Tatiana sigue trabajando en el mismo sitio 25 años después. Dice que le gusta. Es una especie de terapia para no olvidar, así que de lunes a viernes está en la central y los fines de semana regresa a Kiev. Suspira y se emociona al volver a rememorar. "No solemos recordar porque nos resulta demasiado doloroso. Pripyat era una ciudad de ensueño y mis raíces siempre han estado en Chernóbil. Lo perdimos todo”.

 

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