Mundialito BBK
Él ha dado a sus compañeros bolivianos fútbol. A él parecen haberle dado mucho más. Primero, la posibilidad de conocer una cultura sin salir de casa. Segundo, disfrutar una vez al año del "buen rollo, ambientazo y buena organización que se respira". Convencido y un punto emocionado, Nacho asegura que "el Mundialito no es fútbol, es una fiesta. No lo voy a olvidar en la vida".
Quizás por eso no entiende que la selección de Bolivia y otras tengan problemas para 'fichar' a la cantera vasca. "Somos más especiales que el copón, pero yo puedo asegurar que es todo bueno. Es muy buena gente y tienen un sentido de la comunidad que hay que ver". Como ejemplo, este joven que habitualmente juega en el Unión Sport de San Vicente (Barakaldo) recuerda el caso de un compañero que perdió a su abuela el año pasado. "Se hizo una colecta en el vestuario para repatriar los restos a Bolivia. Son así. Lo comparten todo".
A pesar de que el año pasado Bolivia quedó subcampeona y este año ha tenido que conformarse con ser la segunda de su grupo, Nacho estará el domingo en la final que enfrentará a Colombia y Paraguay. "Para ellos es mucho más que fútbol. Lo viven de otra manera, con mucho orgullo por representar a su país. Esperan todo el año este momento y si pierden se llevan unas lloreras tremendas, la verdad. Es para verlo".
6.000 personas acudieron el año pasado a presenciar la final del Mundialito. Le preguntamos a Nacho si entre tanto gentío se ven muchos rostros autóctonos. "Es díficil convencernos para ir a ver una final entre dos países extranjeros, pero para eso estamos ahí los vascos que jugamos, para abrir los ojos a la gente y que pierdan el miedo a lo desconocido".




