Voluntariado

Mila Villarubia ha dedicado 53 años de su vida al voluntariado. Ahora, a sus 70, además de licenciada en economía doméstica y Máster por la 'Universidad de la vida' es presidenta de la Asociación de Viudas de Portugalete 'Itsas Kresala'
29 de Noviembre de 2011
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Nerea Sánchez/   Mila Villarubia nació en Sartaguda, una pequeña localidad navarra conocida como 'el pueblo de las viudas', "por todos los hombres que mataron durante la guerra", pero se siente portugaluja hasta la médula. LLeva viviendo en la villa jarrillera desde los 4 años. Maestra de profesión, carga a sus espaldas con más de medio siglo como voluntaria. Hoy, a sus 70 años, rememora con  nosotros el camino recorrido en su labor solidaria. Una vida dedicada a ayudar a los demás, un voluntariado por y para el vecino, sin distancias ni dinero de por medio.

Todo empezó un 22 de junio, cuando Mila tenía tan sólo 17 años. Recuerda aquella época con especial nostalgia. Fueron los años en que conoció a su primer y único amor, el que sería su marido hasta hace apenas once años que enviudó. Compartían el mismo espíritu solidario, dentro de la misma cuadrilla. Rondaban por la parroquia de Santa María en Portugalete,  colaborando en lo que estaba al alcance de sus manos. Hasta que se les ocurrió la idea de montar un grupo que subiese andando, una vez al mes, hasta el hospital de Santa Marina, en Begoña. "Íbamos con nuestros bocadillos de tortilla o mortadela. Primero visitábamos a la amatxu de Begoña, y después, a los enfermos. Les solíamos llevar algún paquete de caramelos, pero sobre todo buscábamos ofrecerles compañía", cuenta.

Las diferencias sociales siempre le han dolido
"No han sido grandes hechos, sino situaciones diarias en las que he podido echar un cable al de al lado. Creo que es lo que más necesitamos", revela. Desde una llamada telefónica a una compañera que está pasando una mala época,  hasta intentar erradicar las diferencias sociales, más patentes en aquellos años.
Mila nos recuerda a las personas que llegaron a Euskadi para encontrar trabajo. "Muchos tenían que enviar el dinero que ganaban aquí a sus familias. Pero no tenían cultura, no sabían leer ni escribir. Entonces yo les ayudaba a rellenar las hojas para que pudiesen realizar el envío", explica. Las diferencias sociales siempre le han "chirriado, siempre me han dolido mucho".

"En los hogares este tipo de actitudes se siembran. Mi amatxu ha sido siempre de las que ha tenido la casa abierta para mucha gente y esos pequeños detalles te marcan", añade. En aquellos años, esta maestra decidió no trabajar. Quería educar ella misma a sus hijos. Por circunstancias de la vida sólo tuvo una hija, pero - explica-  "me salió redonda. Qué cosa más bien hecha", aclara.

Compañías que curan
Después, pasó una larga temporada cuidando de sus padres. "Pensé que era lo mejor que podía hacer. Devolverles el cariño que me habían dado" .
Mila Villarubia ha formado parte durante 15 años de la Pastoral de la Salud, perteneciente a la Diócesis de Bilbao. Consistía en formar grupos para conocer gente y comunicarse entre las personas. "Primero fui coordinadora de todos los equipos, grupos de parroquias que atienden a enfermos, les visitan y ayudan a los familiares", dice. De esa época se repite en su memoria una experiencia inolvidable. Una larga temporada en la que visitó el hospital de Cruces para intentar animar y curar con su compañía a Rebeca, una niña de Vitoria que se quedó tetrapléjica.

Los años que pasó visitando una vez a la semana el albergue situado en el Muelle de Marzana en Bilbao también le trae buenos recuerdos. "Fueron tres años preciosos". 

Asociación de viudas Itsas Kresala
Actualmente es presidenta de la Asociación de Viudas Itsas Kresala (Salitre de mar), en Portugalete. Las actividades que desarrollan van desde talleres de lectura, cuero, euskera, danzas, hasta sesiones de apoyo psicológico al duelo, sexología, interculturalidad o risoterapia. Sin olvidar los cursos, seminarios o paseos en cuadrilla que convocan cada dos por tres.  Su principal reto ahora es mejorar las pensiones de las personas viudas.

A día de hoy reconoce tener muchas titulaciones. "Soy directora de hogar, licenciada en economía doméstica, hice un Máster  para habituar la mini pensión al euro, y en vista de todo esto, seguí con ganas de hacer una diplomatura de sonrisas e ilusiones. Porque es lo único que te ayuda a vivir".

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