Elena Alonso, voluntaria
El voluntariado como forma de superar ideas preconcebidas
"Trabajamos con menores, a quienes dábamos apoyo escolar y acompañábamos en su tiempo libre; con ancianos, algunos de los cuales tenían un grado de demencia senil muy avanzado y necesitaban que les diéramos de comer o les hiciéramos compañía, así como con discapacitados mentales y físicos. Yo era una de las responsables y acabé sintiéndome parte de ello. Fue algo muy grato que me ha ayudado a abrir puertas y a superar algunas ideas preconcebidas, como las que tenía en torno a las personas discapacitadas, con quienes me encantaría seguir trabajando en el futuro", explica Alonso.
Al igual que comentaba Natxo Arnaiz, director de Bolunta, en la entrevista que publicamos en VIDA SOLIDARIA, Elena también considera que vivimos momentos complicados en los que la gente se ha centrado en sus familias y en su propia supervivencia. "Si no sobrevives no puedes ayudar a los demás", afirma.
En su opinión, la sensibilización hacia el voluntariado debería comenzar desde el sistema educativo: "En los colegios, institutos, universidades... Los jóvenes son los que tienen más tiempo. Yo no conocí los proyectos hasta que me los ofrecieron". Y para llegar a la gente hay que realizar un "trabajo conjunto de las instituciones, las ONGs y los voluntarios". En ese sentido, el boca a boca le parece fundamental. "Los voluntarios deberían compartir sus experiencias con sus amigos y conocidos, porque así se puede llegar a mucha gente. Además, las redes sociales como Facebook y Twitter son herramientas muy interesantes".
Cualidades imprescindibles
La experiencia de Elena como voluntaria le permite poder destacar las habilidades mínimas que debería tener una personas que quiera ser voluntaria: "Estar dispuesta a ayudar a los demás y tener ilusión por lo que se hace, poseer la capacidad de escuchar y saber desarrollar un trabajo en equipo colaborando con otras personas".
"La utopía de querer cambiar el mundo sigue estando ahí y, si nos juntamos todos, lograremos un cambio -asegura convencida-. Tal vez sea un poco ilusa, pero sí, confío en que ese cambio es posible. Hay cosas que se pueden mejorar y otras que costará bastante más cambiar. Otra cuestión es que queramos hacer algo para poder cambiarlas, porque la disposición de cada persona es distinta".
Mientras tanto, Elena nos revela una anécdota que le hizo entender mejor a las personas con discapacidad: "Recuerdo que un día estábamos en la playa con algunas personas discapacitadas y uno de los voluntarios tiró a otro al agua bromeando. Entonces, todos los discapacitados querían emularles y les 'vacilaban'. Todos nos reímos y lo tomamos con muchísima naturalidad. Ese sentimiento de igualdad, de compartir algo entre todos sin hacer distinciones fue impactante y me hizo mucha ilusión: partiendo desde una cosa tan sencilla y pequeña surgió algo muy bonito".






