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Inmigración

Es una de las propuestas del sociólogo Xabier Aierdi, uno de los profesores participantes en el curso puesto en marcha por el Observatorio Vasco de la Juventud con el objetivo de ofrecer pautas para evitar los prejuicios hacia los inmigrantes
29 de Enero de 2013
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L. RENTERIA | Los tiempos de crisis económica suelen ser propicios para la propagación de rumores y estereotipos que afectan a la ciudadanía de origen extranjero. "Los inmigrantes nos quitan el trabajo" o "Los inmigrantes abusan del sistema sanitario y lo colapsan" son tan solo dos ejemplos bien conocidos.

Conscientes de esta realidad, el Observatorio Vasco de la Juventud, Biltzen y la UPV-EHU han impulsado el curso '¿Cómo combatir prejuicios y rumores hacia la inmigración desde la acción educativa con jóvenes?', un encuentro que tendrá lugar en Bilbao entre el 29 y el 31 de enero. Su objetivo: analizar el origen y los mecanismos de difusión de estos prejuicios, además de ofrecer pautas para su erradicación y mostrar algunas experiencias relevantes de intervención.

"En realidad, resulta muy sencillo extender ideas negativas o, dicho de otro modo, una 'neblina social' negativa respecto a la población inmigrante", explica el sociólogo, profesor y periodista Xabier Aierdi, quien participará en el seminario como ponente. Ante esto, "hay que encontrar vías para desmontar dichos discursos. Por ejemplo, se pueden aportar datos o visiones objetivas para contrarrestar los bulos («Yo he escuchado que...») o se puede entrar en la lógica del estereotipo e intentar 'romperlo' desde dentro de manera racional".

Irradiar una nueva visión
El curso se orienta a educadores y trabajadores del ámbito de la juventud, ya que "son estas personas quienes pueden servir como puentes o canales para llegar a la sociedad e irradiar una nueva visión sobre la inmigración". Una visión más positiva que deberá hacer frente a algunos estereotipos "presentes en todas las sociedades del mundo" y de los cuales se derivan otros igual de nocivos:

-"No podemos aceptar más inmigrantes; ya hay demasiados".
-"Los inmigrantes nos roban el trabajo".
-"Los inmigrantes son delincuentes".
-"La población inmigrante no se quiere integrar".
-"Los inmigrantes viven a cuenta de nuestras redes de protección social".

La distorsión de los hechos
Estas ideas "son infundadas y, muchas veces, tienen su base en las categorizaciones que la sociedad hace de los individuos", dando lugar a "vejaciones y discriminación" contra los grupos más débiles, en este caso, la población inmigrante. Por eso, es preciso subrayar "algunos hechos que a menudo se distorsionan":

-La inmigración no llega en avalanchas, puesto que únicamente atiende a la demanda de mano de obra del país que la acoge.
-Por lo tanto, dicho país establece el 'tipo de inmigración' y el número de inmigrantes que acoge, es decir, sólo los que su economía puede absorber. Por ejemplo, en 2007 (antes de la crisis económica) llegaron a Euskadi casi 19.000 personas inmigrantes, mientras que esta cifra ha descendido hasta situarse en torno a 5.000-6.000 en los últimos tres años.
-Además, la población inmigrante trabaja y aporta tanto como cualquier otro segmento de la sociedad, realizando una labor subordinada y desempeñando trabajos precarios o peligrosos que la población local suele rechazar (trabajos de cuidados, sector de la construcción...). Por ello, constituye un pilar de la sociedad sin el cual ésta no podría subsistir (la conciliación familiar y laboral, por ejemplo, serían imposibles).

Existen muchas causas que determinan esta situación: "La incertidumbre y el deseo de mantener la cohesión del grupo, ajenizando a la población no autóctona, es una de ellas. Asimismo, los medios y otros canales de comunicación pueden servir para alimentar los rumores y agrandarlos de cara a la opinión publica. De este modo, se crea un círculo vicioso que resulta difícil de atajar".

"Hay que destruir los espacios de impunidad"
Sin embargo, "el ser humano es incoherente y, pese a existir procesos de demonización contra la población inmigrante, constatamos la coexistencia entre autóctonos y no autóctonos. Esta contradicción se debe a que en la dicotomía 'creencias versus actitudes', las personas no siempre actúan en base a sus creencias o a los estereotipos establecidos, sino atendiendo a otros factores como su experiencia personal o la empatía".

Pese a ello, "en todas las sociedades existe un fenómeno de xenofobia dispersa o latente, y para acabar con ella es necesario destruir los espacios de impunidad. Por ejemplo, cuando recibimos un e-mail xenófobo o escuchamos un alegato racista, no debemos tolerarlo. Y lo mismo sucede con las legislaciones excepcionales, los políticos reaccionarios o Internet, que puede ser un espacio para la transmisión de información o un refugio anónimo para potenciales discursos xenófobos".

Respecto a recientes estudios, que arrojan datos como "el aumento de las personas jóvenes que opinan que hay demasiadas personas extranjeras en el País vasco", Jon Redondo -director de Deportes y Juventud del Gobierno vasco- cree que "esto se debe a la coyuntura económica actual, en la que la juventud se ve especialmente afectada por la falta de oportunidades laborales y la impotencia que se deriva de esta situación".

Educación y convivencia
Aun así, considera que "la juventud vasca, al igual que el resto de la sociedad, es mayoritariamente abierta y tolerante. Lo importante es educar a los jóvenes y enseñarles el valor de la vida y la igualdad entre las personas, provengan de donde provengan. También es necesario explicar la historia y recordar procesos no tan lejanos como la emigración masiva de la población vasca a Estados Unidos o Alemania. Así, mediante ejemplos conocidos, se trabaja la empatía y se fomenta la tolerancia".

Xabier Aierdi coincide plenamente y añade que "debemos practicar un sano humanismo porque la persona inmigrante es, ante todo, una persona. Términos como 'inmigrante' o 'extranjero' no son más que etiquetas, así que tenemos que ir a la raíz del problema y tratar de entendernos mutuamente. Sólo así podremos existir y convivir".
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