Entrevista con Carlos Andreu
Hace escasas fechas, Andreu fue una de las figuras principales de 'Volando Cometas', un evento que la ONG Acción Familiar Euskadi (AFAE) organizó en Bilbao para inaugurar su programa de 2013. Allí, aseguró que las personas "deben enfrentarse a la vida con una actitud positiva" y que "se puede vivir y ser feliz en este mundo, el mejor que nos podría haber tocado".
- Sueles referirte en numerosas ocasiones a la felicidad. ¿En qué consiste este concepto tan amplio y subjetivo?
La felicidad está en gozar de los pequeños placeres y de las
cosas positivas de la vida, dejando a un lado las historias tristes. Supone
disfrutar del camino mientras luchamos y avanzamos, aunque a veces puede
resultar complicado porque ese camino está lleno de piedras.
- También dices que "las personas felices no nacen, se
hacen". ¿Qué hay que hacer entonces para ser feliz?
Como con todo, hay que esforzarse, trabajar y perseverar.
La vida es un equilibrio entre la familia, el trabajo, la salud y los amigos,
las cuatro patas robustas sobre las que nos debemos asentar. Y las claves para
vivir con alegría no son complicadas. Pasear, ver el mar, tomarse una cerveza
con los colegas... son pequeñas cosas, pequeños 'caramelitos' que echamos de
menos cuando no los tenemos. Además, hemos de abandonar las quejas y los
lamentos porque no sirven de nada.
- ¿Y qué sucede con las cosas materiales?
En Occidente damos demasiada importancia a lo material.
Siempre buscamos tener más: un coche, una casa, un barco... Y nos olvidamos de
lo verdaderamente importante. Curiosamente, los más felices son los habitantes
de países en vías de desarrollo como Bután o Tailandia. Los que menos tienen
son los más satisfechos porque se han acostumbrado a vivir con poco y lo
valoran realmente.
- ¿La felicidad es un fenómeno universal o cada persona la
vive a su manera?
Es algo universal y atemporal, y ya en tiempos de
Aristóteles y Platón se hablaba sobre ella. Sin embargo, pese a ser un lugar
común, su adaptación varía porque cada persona tiene sus propósitos, sus
porqués. En Asia, por ejemplo, existe una mentalidad más servicial, de ayudar
al prójimo de corazón. Para que alguien sea feliz, tiene que cultivar la virtud
de la generosidad, tiene que devolver algo a la felicidad. Por eso los
asiáticos están más a gusto con su modo de vida. Es algo que no sucede tan a
menudo en Europa.
Es un estado, pero sí que es posible ser feliz constantemente. Al final, lo que importa es la suma de esos 'flashes' o destellos de felicidad que vamos acumulando a lo largo del día.
Afrontar la tristeza
- La eterna pregunta: ¿el dinero da la felicidad?
No tiene por qué. Sin dinero se puede ser feliz, y hay estudios que aseguran que, a partir de cierto nivel de vida, una mayor cantidad de dinero genera más infelicidad. Así, irónicamente, muchas personas a las que les toca la lotería suelen sufrir fracasos o desgracias personales. Como he mencionado antes, cuando das ilusión, recibes algo y, de algún modo, te regeneras y ayudas a los demás. Ya lo decía Teresa de Calcuta, que daba amor porque recibía más a cambio.
- ¿Crees que la tristeza también es necesaria para ser feliz?
Creo que hay que ser feliz a pesar de la tristeza. Lo
importante es nuestra actitud, es decir, cómo afrontamos los fenómenos tristes
para poder superarlos.
Deben ser un ejemplo, una referencia para los demás. En el mundo actual, se han caído los mitos, modelos e ideales. Por eso, los optimistas deben ser 'transistores' de esa alegría. En efecto, hoy en día la felicidad está desubicada, e incluso se llega a considerar arrogante a quien es feliz y lo dice abiertamente. Llevamos tiempo pensando que la felicidad es algo lejano, pero debemos saber que, a pesar de las circunstancias, todos podemos y debemos ser felices. Esto es ahora más necesario que nunca, y sólo hace falta asumir esa responsabilidad y dar el primer paso para conseguirlo.





