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Consorcio de Inteligencia Emocional (CIE) de Innobasque

El Consorcio de Inteligencia Emocional de Innobasque ofrece alternativas novedosas a empresas y organizaciones. Para ello, toma a las personas como referencia y promueve la creatividad y el desarrollo de las habilidades emocionales
30 de Abril de 2013
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L. RENTERIA | Trabajo en equipo, dinámicas participativas e imaginación. Esa es la receta del Consorcio de Inteligencia Emocional (CIE), una plataforma proactiva impulsada por Innobasque -la Agencia Vasca de la Innovación- que gana adeptos a diario y ha experimentado un gran crecimiento desde su lanzamiento allá por 2005.

"La nuestra es una comunidad de innovación cuyo objetivo es crear nuevos productos y servicios para que 'calen' en la sociedad y puedan provocar cambios", explica la economista y humanista Olga Gómez, dinamizadora y coordinadora de la iniciativa. "Y para contribuir a ese proceso de transformación de las personas y los entornos -prosigue- usamos como 'palanca' la inteligencia emocional".

Pero para llegar hasta aquí, el CIE ha pasado por un largo proceso que le ha llevado a evolucionar: "Al principio, comenzamos sólo con tres personas como un proyecto de investigación y una 'consultoría humanista' surgidos a partir del trabajo realizado en el Cluster del Conocimiento en Gestión Empresarial de Innobasque. Después, fuimos pasando por diferentes etapas (primero, como grupo de trabajo; luego, como una red y, finalmente, como una comunidad de aprendizaje) hasta llegar a la situación actual".

350 personas y 113 organizaciones
Hoy en día, "cerca de 350 personas están conectadas directamente con el Consorcio", que cuenta con la participación y el apoyo de 113 organizaciones entre empresas, instituciones públicas, centros educativos o consultoras, entre muchos otros.

Así, la UPV/EHU y las Universidades de Deusto y Mondragón, Osakidetza, el Ayuntamiento de Vitoria, Ayla Searching, Ideo Consultores, Banpro, Norgara, Digitalde, Zubizarreta Consulting, Frutas Dioni, Entrenando Emociones, Bosko Taldeak, la Fundación Novia Salcedo, Getxo Kirolak y el Colegio Vasco de Economistas tan sólo son algunos ejemplos de la gran amalgama de integrantes que conforman el CIE.

Diversas líneas de actuación
Semejante variedad de participantes se traduce en multitud de proyectos y trabajos que se enmarcan dentro de cinco líneas principales de actuación:

-Gestión de la comunidad. Incluye el 'networking' y la bienvenida a nuevos miembros.
-Aprendizaje. Se compone de talleres (mosaico emocional, autoconocimiento...) y programas más avanzados (participación genuina, 'barnetegis' emocionales...).
-Unidad de investigación. Se encarga de medir y evaluar los proyectos que desarrolla el CIE.
-Área de comunicación. Organiza eventos como el 'World Emoción', coordina la presencia del CIE en Internet (web, blog, cuentas en redes sociales...) y difunde los boletines de la entidad y otras publicaciones.
-Equipos de innovación. Es el área más importante del Consorcio de Inteligencia Emocional. "Ante cualquier reto, necesidad o problema que se nos plantea en cualquier ámbito (empleo, educación, salud, empresas...) formamos grupos de trabajo y desarrollamos proyectos que ofrezcan respuestas y alternativas ".

"Una vía de oxígeno"
Para las personas y organizaciones que participan en ellas, todas estas actividades suponen "una vía de oxígeno que ofrece nuevos modos de relacionarse y salir de la rutina". Asimismo, ahondan en "el concepto de la 'persona completa', que postula la necesidad de trabajar otras facetas (creativa, emocional, relacional y aspiracional) además de los habituales aspectos físicos y cognitivos".

En efecto, la inteligencia emocional desarrolla un papel clave en todos los procesos: "Se trata de una capacidad que tienen todas las personas y que se complementa con todas las demás. Consiste en identificar y gestionar adecuadamente tanto las emociones propias como las ajenas, desarrollando habilidades que incluyen las competencias intrapersonales (autoconocimiento, autonomía...) y las competencias interpersonales (conciencia social, habilidades para la vida y el bienestar común...)".

Esto permite, además, fomentar valores de gran importancia como "la humildad, la responsabilidad y el amor, entendido como el afecto, la consideración y el cariño por las personas y las cosas".

"Es un proceso continuo"
Por lo tanto, la inteligencia emocional "está estrechamente relacionada con el crecimiento personal y es algo que hay que entrenar a lo largo de la vida. Es un proceso continuo que tiene que ver con tomar conciencia de las cosas y cambiar ciertos hábitos como, por ejemplo, la manera en la que nos comunicamos con nosotros mismos y con los demás o el apoyo mutuo entre las personas".

Respecto a iniciativas como 'Entrenando Emociones', Olga Gómez considera que "es una suerte y un placer encontrar a más gente que trabaja en estos temas, por lo que colaboramos con muchos de sus proyectos, complementándonos y buscando sinergias. Sin embargo, opino que estamos algo dispersos y necesitamos conectarnos más eficazmente para tener más fuerza".

En este sentido, "creo de verdad que la sociedad cada vez ve más necesario potenciar aspectos como la inteligencia emocional, pero áun no está preparada del todo. Por eso, debe ser nuestra responsabilidad explicar a la gente de la mejor manera posible qué significa este concepto y cuáles son sus ventajas y aplicaciones".

La revolución silenciosa
Haciendo balance de todos estos años de trabajo, el resultado sólo puede ser "muy positivo". "Aunque cueste, esta revolución silenciosa que es el CIE va 'calando' poco a poco. Estamos abriendo brecha y buscando formas novedosas de trabajar y cambiar a la gente. Hemos crecido mucho y hemos ido incorporando a nuevas personas con sus ideas nuevas. Al final, se trata de eso, de centrarse en las personas y en lo que pueden aportar".

¿Y cómo se presenta el futuro? "Queremos seguir formando a personas positivas y proactivas que afronten los problemas y sepan superar las situaciones adversas -afirma con convencimiento Olga Gómez-. Con este propósito, implantaremos nuevos programas formativos y proyectos dirigidos al empleo juvenil y a los artistas y creativos para que puedan desarrollar todo su talento. Además, concluiremos nuestro proceso interno 'Tximeleta' ('Mariposa', en euskera) para autoorganizarnos mejor y buscar nuevos recursos".

Al fin y al cabo, "si una persona no está motivada, difícilmente hará bien las cosas. Por eso, toda nuestra labor tiene que ver con ser más felices, trabajar mejor y disfrutar más de la vida, ya que así es posible descubrir que todos tenemos un potencial oculto y que éste es transversal y se puede aplicar a todos los ámbitos. Pero ese cambio tiene que empezar por nosotros mismos, y en eso nos hemos centrado en el Consorcio de Inteligencia Emocional: en crear un pequeño oasis que contribuya a la innovación y a la transformación de nuestra sociedad".
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