Consumo sostenible, su impulso en 6 centros escolares de Bizkaia

¿De dónde son las naranjas que comemos? ¿Qué distancia recorre un yogur hasta nuestra nevera? Impulsado por VSF, el programa 'Alimentacción' está presente en seis escuelas de Bizkaia y plantea alternativas para acabar con las desigualdades alimentarias
13 de Mayo de 2013
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L. RENTERIA | Tal y como su propio nombre indica, el proyecto 'Alimentacción' se basa en dos pilares fundamentales: la alimentación y la acción. 'Alimentación', porque es un programa socioeducativo sobre los hábitos alimenticios y el impacto que estos generan en el entorno, la salud y las condiciones de vida de las personas. Y 'acción', porque tiene un enfoque solidario que fomenta la justicia social y busca acabar con los desequilibrios entre el Norte y el Sur a través de valores como la cultura rural, la biodiversidad o la soberanía alimentaria.

"La nuestra es una iniciativa con varios objetivos", explica la educadora ambiental Patricia Gómez, perteneciente a Veterinarios Sin Fronteras (VSF) y responsable de la campaña en Bizkaia. "Por un lado, queremos informar y sensibilizar sobre el modelo de alimentación actual y sus repercusiones, provocando una reflexión respecto a los hábitos de consumo cotidianos. Además, buscamos visibilizar los modelos alternativos a esta situación".

Con ese propósito, 'Alimentacción. Red de escuelas por un mundo rural vivo' inició su andadura el pasado curso escolar gracias al impulso y la cooperación de VSF-Justicia Alimentaria Global y Acsur Las Segovias, y al apoyo de diversas instituciones públicas y privadas.

50 centros educativos, 6 en Bizkaia
Este año, el proyecto cuenta con una red activa en la que participan 50 centros educativos de primaria (niños y niñas de 3 a 12 años) pertenecientes a diferentes Comunidades Autónomas como Baleares, Andalucía, Cantabria o Catalunya. En Euskadi, su acción se centra en la provincia de Bizkaia, donde son seis los centros que se han adherido: las escuelas de Alonsotegi, Orduña y Larrabetzu; Kareaga Goikoa de Basauri; Eretza de Güeñes y San Viator de Sopuerta.

Como en otros casos, "el trabajo en red es vital" y, por eso, se intenta implicar a "alumnos, profesores, padres y madres" en todas las actividades, además de desarrollar tareas colaborativas con otros colectivos y entidades sociales. Todo esto hace posible que haya "una comunidad con un discurso coherente", un hecho que favorece que los alumnos comprendan, asimilen y apliquen los conceptos estudiados "incluso fuera de clase", promoviendo que "todos los rincones de la comunidad sean espacios de aprendizaje".

La metodología, por su parte, se basa en la participación y el trabajo compartido de todos los agentes implicados. La decena de personas responsables de 'Alimentacción' se encargan de "facilitar las dinámicas y métodos de actuación", para lo que realizan diversas labores como "formar al profesorado, hacer partícipes a las familias y proporcionar los materiales pedagógicos necesarios".

Después, los contenidos se aplican de manera transversal y los docentes trabajan los temas y las lecturas relacionadas en diferentes asignaturas como Lengua Castellana, Matemáticas, Euskera (en el caso de Euskadi), Inglés o Conocimiento del Medio. Asimismo, se llevan a cabo numerosas actividades escolares y extraescolares para reforzar los valores aprendidos y "pasar de la teoría a la práctica".  

Talleres, cuentacuentos y juegos interactivos
Estas actividades gozan de gran variedad, y su concepción y aprobación dependen en gran medida de cada centro. Por citar algunos ejemplos, el itinerario de actuaciones incluye: 

- Talleres para formar a padres, madres y profesores en materias como "los productos transgénicos, el estado de la pesca en Euskadi o la soberanía alimentaria desde la perspectiva de género".

- Visitas de productores locales a las escuelas para promocionar la agricultura campesina.

- Juegos cooperativos como la iniciativa 'Cadenas de vida', una acción conjunta que, mediante la distribución de pulseras artesanales, el próximo 5 de junio "mostrará su solidaridad con Uganda y simbolizará el trabajo en red".

- Sesiones de cuentacuentos.

- Talleres interactivos. Entre ellos, uno que se desarrollará en Bizkaia y "tendrá como personaje principal a Maddi, una chica del futuro que enseñará a los niños y niñas cómo será nuestro planeta dentro de veinte años si mantenemos los hábitos de consumo actuales".

- Visitas a los comercios locales.

- Entrevistas a personas referentes, en su mayoría mujeres que trabajan y cuidan la tierra.

Por si fuera poco, los miembros de 'Alimentacción' actúan en otros niveles educativos como la Universidad, escuelas de hostelería, euskaltegis, asociaciones de mujeres, centros de educación para personas adultas, etc.

Todas estas actividades buscan "convertir las aulas en espacios de reflexión y generar una conciencia crítica sobre cómo nuestro modelo de alimentación influye negativamente en nuestra salud, el medioambiente y el desarrollo local", afirma Patricia Gómez. Y también pretenden poner de relieve "el papel de las mujeres, que son las principales protagonistas de este proceso y sufren la mayor parte de las injusticias que se derivan de él".

1.000 millones de personas sin derechos
Por supuesto, la soberanía alimentaria tiene un papel preponderante, ya que "es la vía para asegurar el derecho a la alimentación, un derecho humano básico que debería estar garantizado a todos los habitantes de la Tierra". Sin embargo, "siguen existiendo más de 1.000 millones de personas que no tienen acceso a ella".

Una situación que se ve favorecida por "la falta de información crítica respecto a la cadena de alimentación: desde la producción hasta la comercialización de los alimentos". En este sentido, resulta útil plantearse preguntas como "¿De dónde son las naranjas que comemos? ¿Qué distancia recorre un yogur hasta llegar a nuestras neveras?".

Las respuestas indican que "nuestro modelo de alimentación sólo beneficia a una minoría de la población mundial". En efecto, en el sistema actual "la mercantilización y la especulación con los alimentos, la tierra o el agua se traduce en pobreza, desigualdades sociales e inaccesibilidad a estos recursos".

Para hallar una solución a estos problemas, "la voluntad política es fundamental, pero el cambio debe empezar por uno mismo". Y en ese camino, será esencial "modificar la manera en que se producen, distribuyen y consumen los alimentos. Además, habrá que valorar como se merece la cultura rural asociada a las comunidades locales y a los conocimientos generados a lo largo de la historia, fomentando un consumo responsable y respetuoso con todas las formas de vida".



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