Proyecto Mantangorri de la Asociación Bidegintza

17 de Junio de 2013
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L. R. | El diccionario de la Real Academia Española define la 'psicomotricidad' como "la integración de las funciones motrices -del movimiento- y psíquicas" y "el conjunto de técnicas que estimulan la coordinación de dichas funciones". Se trata, por tanto, de un concepto muy importante para el desarrollo de todas las personas.

Mediante sus sesiones de psicomotricidad relacional, el proyecto Mantangorri busca "mejorar las capacidades de los niños y niñas en este ámbito, y les ayuda a ganar seguridad emocional". Asimismo, "pretende favorecer la implicación de las familias y crear canales de comunicación con la escuela" que contribuyan al éxito escolar y académico de los más pequeños.

Las sesiones tienen una duración de entre sesenta y noventa minutos dependiendo de la edad de los 'peques', y constan de varios espacios y actividades. "Nada más llegar, nos descalzamos y realizamos un ritual de entrada para dar la bienvenida a todo el mundo -explica la psicóloga y educadora Begoña Ruiz-. Intentamos que este sea un espacio acogedor, así que saludamos a todos por su nombre".

Casas, coches y naves de gomaespuma

Después, "recordamos a los ausentes y explicamos nuestras reglas: no se hace daño, se piden los materiales de juego y no se destruye lo que otros construyen". Una vez hechas las presentaciones, "es la hora del espacio de expresividad motriz, en el que utilizamos colchonetas y elementos de gomaespuma. Los niños trepan, saltan, ruedan, se balancean... y juegan a tirar la muralla del día anterior -una construcción de gomaespuma-. También construyen casas, coches y naves espaciales. De este modo, canalizan su agresividad y descargan tensiones".

Las historias tienen cabida en las sesiones igualmente: "Solemos leer un cuento que estimula la imaginación y el pensamiento. Estos relatos sirven para que los pequeños no se sientan superados por sus miedos -al abandono, a alejarse de sus padres y madres, a desaparecer...-, y en ellos los niños siempre salen bien parados".

A continuación, "viene el espacio de expresividad gráfico-plástica y lenguaje. Durante el mismo, trabajamos el pensamiento y le damos al 'coco'. Los niños dibujan, juegan con plastilina, construyen vías de tren con maderas, etc. Además, trabajan toda una serie de operaciones lógico-matemáticas, de manera que experimentan con simetrías, volúmenes y otros conceptos espaciales y temporales, facilitando su aprendizaje".

Finalmente, "hacemos un ritual de salida en el que nos despedimos. Todos pueden hablar y contar qué es lo que más les ha gustado, si se van preocupados por algo... Y siempre les recordamos que van a volver aquí. A veces, con los más pequeñitos hacemos algo diferente como un corro o una canción".
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