Positivismo frente a la discapacidad

El nacimiento de un hijo con alguna discapacidad es un momento impactante, pero si se sabe gestionar y asimilar se puede ver el lado bueno de estos chavales especiales
23 de Septiembre de 2013
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"Hay que pensar que es una vida y como tal hay que celebrarla"
Lo mejor es que los padres intenten normalizar la situación.
L. FERNÁNDEZ| "Cuando nació mi hija la a gente no llamaba para felicitarnos , sino que parecía que nos estaban dando el pésame", recuerda Mari Luz. Su hija Cristina tiene 25 años y síndrome de Down. "Hasta que no llamó una prima y me dio la enhorabuena no fui consciente, pero tenía razón. Era una vida nueva y como tal había que celebrarla". Esta madre se recuperó del impacto del primer momento y eso que tenía por lo que asustarse. "Mi marido tiene una hermana con síndrome de Down que no tiene mucha autonomía, pero yo no la cogí a ella como referencia de lo que podía ser mi hija. Preferí fijarme en una niña del barrio que era muy espabilada y pensé que Cristina iba a ser así o incluso la iba a superar", confiesa "y de hecho es prácticamente autónoma y trabaja de manera normalizada en una empresa".
Esta actitud positiva de los padres y familiares es quizá  lo que puede marcar el rumbo de chavales con discapacidades. "Hay que lucharlo y es muy duro, pero es que yo sólo le veo cosas buenas", asegura esta madre. "Es más cariñosa, tiene una intuición especial si nota que te pasa algo y siempre está pendiente de nosotros".

Lo mismo opina Mari Asun aunque ella tiene un hándicap añadido, no saben qué enfermedad tiene su hijo Ignacio de 18 años. "Lo llaman trastorno generalizado del desarrollo (TGD) por ponerle un nombre, pero agrupa enfermedades que no saben qué son, sólo que existe una discapacidad". Además, ellos no supieron nada más nacer que a su hijo "le pasaba algo", fue con el tiempo, al ver que no se desarrollaba como correspondía, cuando se dieron cuenta.

"Las personas que no tenemos un diagnóstico nos pasamos la infancia dando palos de ciego e incluso de cara al futuro nosotros no sabemos cómo tratarles o qué va a pasar", dice Mari Asun. Incluso socialmente considera más difícil el día a día que en niños en los que la discapacidad es más evidente. "Muchos piensan que está loco porque físicamente no se nota nada".

Mari Asun tiene una hija de 21 años y siempre lo ha llevado muy bien. "Creo que cuando los padres normalizan la situación, los otros hijos también lo hacen", opina. "No podemos cargar sobre sus hombros todo el día la responsabilidad de su hermano y meterles tensión", añade. Y los hermanos se llevan estupendamente. Aunque como reconoce su madre "es que Ignacio tiene un carácter formidable, hemos tenido mucha suerte".

Mari Luz también tiene dos hijos menores que Cristina y su hija lo lleva mejor que su hijo. "De hecho, ha estudiado educación social y trabaja con personas con discapacidad. Se llevan fenomenal y como solo hay dos años de diferencia entre ellas ha habido un punto que era prácticamente como si fueran gemelas", comenta. Y aunque su hijo no lo lleva tan bien sí se ha beneficiado de lo que supone tener un hermano con discapacidad. "Los dos son muy solidarios y no soportan que se insulte a alguien gratuitamente".



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