Pisos tutelados

Tener una discapacidad no supone un problema para independizarse y llevar una vida autónoma gracias a las viviendas tuteladas de diferentes asociaciones
24 de Octubre de 2013
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Otra forma de independizarse
Juan Ignacio, Celes y Ramón tienen bien distribuidas las tareas.

L. FERNÁNDEZ. En casa de Ramón, Celes y Juan Ignacio todo está organizado. Cada uno tiene su tarea asignada. En el caso de Ramón, la cocina es su territorio, mientras que Celes se encarga de planchar y lavar la ropa y Juan Ignacio de las compras. Además, los tres trabajan fuera de casa. El piso en el que viven en Bilbao es de alquiler y lo comparten con otro compañero. Llevan casi siete años viviendo juntos y ya se conocen de sobra, así que la convivencia es sencilla aunque también tengan sus roces. Vamos, la vida normal de un piso alquilado compartido, pero con la peculiaridad de que estos hombres que se las apañan estupendamente solos en su vida diaria tienen discapacidad intelectual.

"Llevo 25 años en pisos tutelados por Gorabide y me gusta estar aquí, tengo mi intimidad y autonomía para hacer lo que quiera, aunque Belén me controla los gastos y nos echa una mano si tenemos algún problema", explica Ramón. Belén es una de las monitoras de este piso que acude a la vivienda tres veces por semana para ver cuáles son las necesidades y en casos de emergencia. "Si les ha ocurrido algo, como un ataque de ciática, o una gastroenteritis, llaman al piso que tenemos en Dolaretxe, donde hay monitores las 24 horas y estos se hacen cargo o nos avisan", comenta. "También les acompañamos al médico en caso necesario o les gestionamos el dinero para que no lo gasten a lo tonto", pero en general, son perfectamente autónomos.

Días buenos y malos

El caso de Rosa Mari, Maite e Iratxe es algo diferente. Ellas conviven en un piso coordinado por la Asociación Uribe Costa, propiedad del Ayuntamiento de Leioa, que cuenta "con supervisión constante, la monitora está aquí siempre que ellas estén, incluso para dormir, sólo está el piso vacío cuando ellas están trabajando", explica Elena Sarriugarte, la responsable del servicio. De hecho, cuando están las siete en casa hay dos monitoras encargadas de supervisarlas y si salen de excursión se avisa a una adicional.

Pero, en general, la convivencia no difiere de la que existe en un hogar al uso. El mando de la tele por ejemplo es propiedad de Rosa "y como le encantan las telenovelas siempre tiene puesta una", explica Iratxe. "Es que me gusta ver las bodas del final", remarca la aludida. "Tienen días buenos y malos, igual que los puedo tener yo, y hay que ayudarlas y apoyarlas", comenta Ana, una de las monitoras. "Si han discutido tienes que mediar para que lo aclaren y también les gestionamos el dinero para que no lo derrochen. La verdad es que se les coge mucho cariño y en la práctica somos como una familia, pero diferente", subraya.




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