Arte para discapacitados

Tres mujeres han creado en Bilbao un centro de formación en arte pensado para personas con discapacidad
17 de Enero de 2014
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Bilbao Formarte, la primera escuela de arte para discapacitados
Ana Urgoiti da indicaciones a una alumna.
L. FERNÁNDEZ | El pasado 6 de septiembre Ana Urgoiti, Cristina Bacete y Laia Becerra abrieron por primera vez la persiana de lo que se ha convertido en su proyecto de vida, el taller Bilbao Formarte, una escuela de arte para personas con discapacidad intelectual y psíquica, pensada especialmente para desarrollar su creatividad.

"Bilbao Formarte surgió cuando vimos por primera vez el documental '¿Qué tienes debajo del sombrero?'. Nos enamoramos del proyecto y decidimos traerlo a Bilbao", explica Ana Urgoiti.

"Entendemos que las personas con discapacidad se encuentran con que, una vez cumplidos los 20 años, ya no tienen cabida en las aulas de educación especial, pero a través del arte pueden seguir formándose. Incluso la creatividad les puede dar una salida laboral que no sea un simple trabajo mecánico", comenta.

Eso sí, la actividad que realizan no tiene nada que ver con las manualidades. "Con las manualidades lo que se busca es hacer algo repetitivo y mono, pero la creatividad no está por ningún sitio. Tenemos una alumna a la que según sus padres le gustaba mucho pintar y cuando les preguntamos qué pintaba nos dijeron que mandalas (esos dibujos silueteados que sólo hay que rellenar de colores). Eso no lo van a encontrar aquí. Esta chica ahora pinta sobre lienzo en blanco y hasta trabaja con barro y lo hace muy bien". Y como se trata sobre todo de esto, de desarrollar la creatividad, los alumnos no se apuntan a algo concreto. "Cada uno puede hacer lo que le apetece en ese momento, pintar, hacer una escultura, algo de diseño gráfico... A no ser que pidan algo específico se les deja que prueben de todo. Por eso cuando empiezan sólo se les pide que traigan una bata para no ensuciarse y el material lo ponemos nosotras. Hacemos un cálculo y les pasamos unos 20 euros más de gastos de material y hasta que duren. Después, si quieren, se pueden ir decantando por una especialidad o por otra", especifica Ana.

Los cursos son completitos. Tienen horario de mañana y de tarde, de 9.00 a 13.00 y de 16.00 a 19.00 de lunes a viernes, especialmente pensado para personas con discapacidad; y de lunes a jueves de 19.00 a 21.00 y los viernes de 17.00 a 19.00 tienen lo que denomina jornadas de puertas abiertas. "Lo denominamos así porque acogemos a todo tipo de alumnos. Ya que trabajamos desde la inclusión creemos que aquí tienen que convivir y conocer a las personas que padecen algún tipo de discapacidad. Esto es muy positivo porque la sociedad les tenemos un poco estigmatizados y es por desconocimiento", matiza Ana. Y los sábados por la mañana están enfocados a los niños de entre 5 y 15 años, tanto con discapacidad como sin ella.

Actualmente, cuentan con 8 alumnos con discapacidad intelectual o psíquica, además de una psicóloga y algunos estudiantes de magisterio que quieren conocer su metodología de trabajo. "También tenemos alumnos adultos interesados en técnicas concretas. A cada uno se le da lo que quiere. Todos ellos acaban haciendo un trabajo de investigación a través de la creatividad. Queremos que sea algo suyo y esa manera de empezar a funcionar en la materia artística te otorga una serie de recursos que luego puedes extrapolar a tu vida diaria y estas personas con discapacidad de otra manera no las habrían adquirido", afirma Ana.


Filosofía Creative Growth

El documental que sembró la semilla de la que es la primera escuela de estas características en el País Vasco está producido por Julio Medem y cuenta la historia de Judith Scott, una mujer sordomuda y con síndrome de Down, alumna del centro Creative Growth de Oackland y que expone sus obras en museos de todo el mundo.

"Nuestra filosofía de trabajo es la misma que la del Creative Growth o la de Die Schlumpers de Alemania. Ellos, al igual que nosotras, no se consideran terapeutas, sino docentes, y trabajan desde la creatividad artística. Para nosotras todo el que entra por la puerta es un alumno, no un enfermo", recalca Ana. Para poder desarrollar la actividad, estas mujeres, dos licenciadas en bellas artes y una diplomada en educación especial, han dedicado los últimos cinco años a formarse para poder ser educadoras de este colectivo. Y buscando la manera de sacarlo adelante, ya que "los tiempos no son fáciles". "El proyecto es muy ambicioso y está siendo difícil porque por lo novedoso del producto hay mucho desconocimiento. No obstante, estamos muy contentas con la acogida que estamos teniendo. Los alumnos con discapacidad y sus tutores están muy satisfechos y los padres de un alumno nos han llegado a decir que desde que está con nosotras su hijo ha vuelto a ser feliz. Es el mejor pago que nos pueden hacer", expone Ana.

Sin embargo, también deben pagar las facturas para poder seguir impartiendo clases, así que buscan mil y una maneras de reunir fondos y que las tarifas puedan ser asequibles. Entre otras cosas, el próximo 31 de enero sortearán un cuadro para lo cual están vendiendo boletos. "Los precios de las clases van desde los 60 euros al mes. Incluso, en los grupos de niños, como algunos vienen cada quince días, son sólo 30 euros. Además, cobramos algo más aparte para materiales. Pero si hacen la cuenta sale a unos 5 euros la hora. Más competitivo no puede ser", recalcan.

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