Cuidados Paliativos

Jacinto Bátiz es responsable de la unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San Juan de Dios y lleva más de 20 años trabajando en esta especialidad, teniendo en cuenta la dimensión emocional, social y espiritual del paciente
04 de Abril de 2014
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"Estos enfermos nos enseñan a vivir"
Jacinto Bátiz en la terraza del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi.

L. FERNÁNDEZ | El doctor Jacinto Bátiz es el responsable de la Unidad de Cuidados Paliativos del Hospital San Juan de Dios de Santurtzi, un área en la que lleva trabajando más de 20 años, y en la que tiene la difícil misión de hacer la muerte menos traumática para el paciente y sus familiares. Bátiz reclama más dosis de humanidad a la profesión, "ya que el enfermo que está en fase terminal lo que solicita es un acercamiento humano de las personas para que le alivien su sufrimiento final".

Lleva más de 20 años trabajando en cuidados paliativos, ¿qué lleva a un médico a una especialidad como ésta en la que ya no hay nada que hacer para sanar al enfermo?
La profesión de médico no sólo tiene la misión de curar. Lo que un médico ha de prevenir, en primer lugar, es que la persona enferme, lo que llamaríamos medicina preventiva; en segundo lugar, si no es posible prevenir la enfermedad, ha de curarla, lo que llamaríamos medicina curativa; pero si no fuera posible ni lo uno ni lo otro, el médico ha de aliviar el sufrimiento que la enfermedad le provoque, ha de cuidar, lo que llamaríamos medicina paliativa. Contestando concretamente a su pregunta, me llevó a dedicarme a esta especialidad cuando me encargaron cuidar a un enfermo que no era curable. Desde entonces he comprendido que los tres tipos de medicina que le he señalado son necesarias para las personas, pero fundamentalmente que aún hay muchas cosas que podemos hacer por la persona que padece una enfermedad incurable.

¿Cómo se consigue que la muerte sea lo menos traumática posible?
Cuando se trata a la persona enferma como un ser humano hasta el momento de su muerte, evitando contemplarla solamente como una estructura biológica y teniendo en cuenta su dimensión emocional, social y espiritual. Permitiéndole que exprese sus propios sentimientos y emociones sobre su forma de enfocar la muerte. Permitiéndole participar en las decisiones que incumban a sus cuidados. No dejándole morir solo, abandonado por sus seres queridos ni por los profesionales. Respondiendo a sus preguntas con sinceridad, no engañándole. Respetando su individualidad y no juzgándole por su decisiones, aunque pudieran ser contrarias a quienes le atienden. Si quienes le cuidan son personas solícitas, sensibles y entendidas, intentando comprender su necesidades. Sobre todo, si quienes le cuidan lo hacen como les gustaría que les cuidaran a ellos cuando llegara su momento. No precipitando deliberadamente su muerte, pero tampoco prolongando innecesariamente su agonía, sino ayudándole a no sufrir mientras llegue su muerte. Esta sería la manera de conseguir una muerte menos traumática para quien está en ese trance. Esta es la filosofía de los Cuidados Paliativos, de la Medicina Paliativa.

¿Hay que decirle la verdad a una persona que se está muriendo?
La persona que se está muriendo necesita que le expliquemos lo que le va
a pasar, necesita que no le engañemos, pero todo ello, con sensibilidad exquisita para que le ayude a comprender lo que necesita en esos momentos tan difíciles y únicos para él. Hay que comunicarle la verdad que él pueda asumir, aceptar y comprender, procurando partir de lo que él ya conoce de su enfermedad. Esto hay que hacerlo de forma sencilla y gradual, cuando él lo pida, pero sobre todo, sin mentir. Porque si descubriera que le estamos engañando haremos que pierda la confianza en nosotros y se aislará emocionalmente en un momento que lo que más necesita es abrirse, expresar sus sentimientos y dejar todo en orden. No podemos ignorar que la persona que se está muriendo tiene derecho a saber qué le ocurre.

¿Y en el caso de que la familia no quiera?
Quien tiene derecho a conocer la verdad es la persona enferma. En este caso no debemos hacer un pacto de silencio con la familia. Trabajaremos con la familia para hacerles comprender que su familiar enfermo tiene derecho a saber lo que le ocurre, tiene derecho a tomar decisiones (si no conoce lo que le ocurre, difícilmente podrá tomar decisiones adecuadas) y además tiene derecho a que se respete su dignidad. Hay que explicar a la familia que, sin duda alguna, su familiar podrá enfrentarse mejor a su futuro y al de los suyos si conoce la verdad de su situación

Usted ha hablado en otros medios de cuatro tipos de dolor, físico, psicológico, social y espiritual, ¿ya era hora de que se abordaran todos?
Atender a un paciente al final de su vida requiere que contemplemos estructura cuatri-dimensional (biológica, psicológica, social y espiritual). Por eso es preciso que sea una atención integral de la persona enferma. El dolor como uno de los síntomas en las fases avanzadas, en fase terminal, tiene estas cuatro dimensiones. Si sólo abordáramos una de ellas no resolveríamos el "dolor total" del paciente. Podemos aliviar su dolor físico, pero tal vez esté preocupado por el cómo quedará su familia cuando él muera; esto le hará sufrir y también se lo tenemos que aliviar. Puede tener el dolor físico aliviado, pero sufre por encontrarse acabando sus días en la soledad impuesta por la falta de afecto de su familia; o tal vez, repasa su vida y no le ha encontrado sentido a haberla vivido. Es importante que sepamos que la mayor
parte del sufrimiento que ocurre en esta etapa, aparte de provocarlo el dolor físico, tiene que ver con otros temas emocionales y espirituales y con su propia incapacidad para resolver los interrogantes más profundos de la vida.

Estar a diario con pacientes que se mueren y sus familias debe ser muy duro, ¿cómo se afronta el día a día?
Se afronta con la satisfacción de comprobar que a pesar de que con nuestra Ciencia Médica ya no le podemos resolver su enfermedad, al menos con nuestro acercamiento humano le podemos ayudar. Cualquier pequeño detalle de ayuda nos la agradece con una sonrisa y unas palabras amables y cariñosas. Los enfermos valoran cuando la auxiliar le alisa las sábanas de la cama, le ayuda a desayunar y le asea con delicadeza. Valoran cuando quienes se encargan de la limpieza le abren las persianas de la ventana para que le entre la claridad y le permita vivir un día más. Valora esas palabras de cariño de la enfermera cuando le va a administrar la medicación para aliviar su dolor. Valora el acompañamiento de los voluntarios que les dedican parte de su tiempo. Valoran a sus seres queridos y a sus amigos que están junto a él en esos momentos. Valoran la disponibilidad de los profesionales. Cuando los Médicos Residentes de Familia rotan en el Área de Cuidados de nuestro Hospital y los alumnos de 3º de Medicina pasan unos días con nosotros, el primer día tienen esa sensación que usted me expresa en su pregunta "debe ser muy duro". Pasado ese primer día, serían ellos los que le podrían responder. A mí, como tutor suyo, me suelen decir: estos enfermos nos enseñan a vivir.

¿Hace falta que los profesionales reciban atención específica para cuidar en el final de la vida?
Sin duda alguna. Tradicionalmente, la formación académica, al menos en Medicina, se ha centrado en la curación como objetivo, lo que ha provocado que en muchos casos los profesionales carezcan de herramientas clínicas y personales, para enfrentarse a situaciones en la que no es posible curar al enfermo. Tenemos que aprender a ayudar a morir bien y todas aquellas técnicas de acompañamiento del moribundo y su familia. La formación es fundamental para cuidar mejor. Desde el año 2011 el Hospital San Juan de Dios de Santurtzi y la Facultad de Medicina del País Vasco tienen establecida una alianza para ayudar a esta formación con el desarrollo, primero del Titulo Postgrado Experto en Atención Integral en Cuidados Paliativos y actualmente se han transformado en Máster, donde reciben formación específica profesionales de la Enfermería, de la Medicina, de la Psicología y del Trabajo Social.

En ocasiones ha reclamado a otros médicos más dosis de humanidad, no deja de ser curioso ese discurso de autocrítica hacia la profesión.
La verdad es que tal vez se haya deshumanizado la Medicina a expensas de la hipertecnificación. No existe ninguna duda de que la técnica es necesaria, los avances de la medicina son gracias a ella, pero a los enfermos que se encuentran padeciendo una enfermedad avanzada, incurable y en fase terminal, la ciencia médica ya no les aporta casi nada, lo que ellos solicitan es un acercamiento humano de las personas para que le alivien su sufrimiento final. Esto es lo que reclamo, lo que los enfermos me han solicitado a lo largo de estos 20 años de estar junto a ellos, que podamos humanizar su proceso de morir.

¿Se vive la propia muerte de manera diferente cuando se está en contacto tan directo con ella?
Al menos no la contemplamos como un tabú, hablamos sin reparos de ella. Pero sí le puedo asegurar que la sociedad actual niega la muerte, no la quiere aceptar, no la quiere contemplar, si puede, la quiere olvidar.
Fue la Dra. Kübler Ross quien planteó como requisito para ayudar a los enfermos en fase terminal, la necesidad de afrontar la propia muerte. El médico debe aprender que la muerte es algo natural. Y solamente, cuando es capaz de aceptarla como algo natural y, antes o después, inevitable, se dedicará a cuidar a su enfermo hasta el final y sin sensación de fracaso. Cuando se está en contacto directo con ella se aprende a vivir cada día como si fuera el último día de nuestra vida, con toda intensidad, valorando todas las cosas.

¿Qué pueden hacer en la unidad de cuidados paliativos del hospital por el enfermo y su familia que no se haga en otras clínicas?
En el Área de Cuidados de nuestro Hospital se atienden todas aquellas necesidades que tiene el enfermo cuando padece una enfermedad avanzada y en fase terminal, así como a su familia que también sufre por ver a su ser querido en ese trance final. Estas necesidades se tratan de satisfacer a través de un equipo asistencial interprofesional. Cuando es necesario y lo desee el enfermo se realiza esa atención ingresado en el Hospital, pero si el enfermo desea acabar sus días en su casa, junto a los suyos y sus recuerdos, el equipo asistencial ayudará al enfermo y a su familia en "su terreno de juego".

Nuestro apoyo no acaba aquí. Cualquier familiar, cuidador e incluso enfermo, puede acceder on-line a nuestro programa Cuidando Contigo-Zurekin Zainduz para resolver sus dudas o compartir sus preocupaciones desde su casa.
Cuando el enfermo fallece, seguimos cuidando a la familia en su duelo. Para hacerlo mejor, seguiremos innovando en todo lo que se refiera a cuidados y seguiremos contribuyendo a la formación de los profesionales porque formando también cuidamos.


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