Niños en acogida

10 niños saharauis pasan los meses de julio y agosto en Getxo con familias de acogida gracias a la asociación Atfal. Mahmud es uno de estos niños y lleva siete años pasando el verano con Mireia.
09 de Julio de 2014
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Un hogar para pasar el verano
Mireia y Mahfud van a disfrutar del último verano que él participa en el programa de acogida.
L. FERNÁNDEZ | Desde hace siete años, los veranos de Mireia han sido diferentes. "Con 23 años, cuando aún vivía en casa de mis padres, leí en una revista sobre la acogida de niños saharauis en Euskadi y me apetecía participar", explica. Así, llegó Mahfud a su vida y desde entonces este chaval saharaui de blanca sonrisa ha compartido dos meses al año con ella y su familia. "Mis padres trabajaban y me dejaron claro que si lo traía me tenía que encargar yo, aunque ellos me ayudaran en lo que pudieran. Como soy profesora y tengo los dos meses de vacaciones, no tenía problema en atenderle y me lancé". Aquel verano fue el más duro, "porque desconocía el idioma y no había estado aquí nunca", pero también muy bonito. "Le había conseguido juguetes para que tuviera y no quería ninguno, le bastaba con un balón y salir a la calle, y le encantaba mirarse al espejo o abrir el grifo del agua. Se te rompen todas las estructuras y te hace replantearte muchas cosas. Creo que si no lo vives no te haces a la idea, por mucho que te lo cuenten", detalla Mireia.
Además, en estos siete años, la mentalidad de Mahfud no ha cambiado. "Es verdad que no se ha hecho más consumista, pero es un niño y, como tal, es normal que vea la nevera llena y te diga 'hoy no quiero lentejas, quiero macarrones', pero sin más, le dices que no, que hay lentejas y ya está. Allí les enseñan que no deben exigir, que lo que haya se les dará". Tampoco la vuelta a su casa es tan traumática como a veces se plantea. "Tengo amigas que me preguntan, 'pero cuando vuelve vaya palo, ¿no? Después de haber visto todo lo que hay aquí'. Se nos olvida que allí tienen a su familia y sus raíces y para ellos es mucho más importante que tres helados o cinco barracas", recalca Mireia.
Lo que sí ha hecho Mahfud en este tiempo es aprender. "Cuando llegué no sabía nadar y me han enseñado Mireia y Cristian, -su marido- y también a andar en bici", dice Mahfud. También ha visto la playa por primera vez y le sorprendió que el agua estuviera tan salada. "Creía que alguien le había echado la sal", sonríe.

A través de Atfal

Mahfud pasa los veranos en Getxo a través de la asociación Atfal, que además de costear el billete de avión se encarga de organizar actividades en grupo. "Hemos ido a ver a los bomberos, a montar a caballo, a hacer surf, de excursión... Lo pasamos bien", afirma Mahfud. También se encargan de pagar el bono para el poder acceder a las piscinas municipales del niño y de su familia de acogida, así los gastos derivados de traer a Euskadi a estos chavales son sólo de manutención. "Creo que el tema económico no puede ser la razón para no traer a un niño saharaui. Todo depende de lo que tú quieras gastar. Es verdad que conlleva un gasto y debes tener una economía normal, pero yo soy de la opinión de que donde comen tres comen cuatro y luego en cuanto a ropa o caprichos ya interviene lo que tú quieras gastarte. Le puedes comprar una camiseta de 10 euros o de 5, te puedes ir todos los días a cenar fuera o comer en tu casa,... Nosotros le damos lo mismo que si fuera nuestro propio hijo", asegura Mireia.
De hecho, "cuando vas a los campamentos te das cuenta de que son felices con muy poco", añade Jon, otro padre de acogida. "Cuando vuelves te fijas en el metro que todo son malas caras. Estamos amargados por el tema del dinero. Y allí además los niños son más libres". A esta idea se suma Mireia. "Creo que tenemos demasiadas normas. Aquí es cálzate, vístete, siéntate bien, lávate los dientes... A veces hay que ser un poco más flexible. Le dices ponte las zapatillas y te contesta '¿por qué? si estoy pisando madera, si no son clavos' y te planteas 'pues es verdad'. Otra cosa es hacer lo que te dé la gana, porque te da la gana y cuando te da la gana. Pero eso tampoco lo hacen allí. Si allí les dice su hermana mayor cállate, se callan porque tienen mucho más respeto por los mayores", describe.

Último verano
Este año se da la circunstancia de que será el último verano que Mahfud venga a Getxo. "Los chavales vienen por primera vez con 7 años, aunque ahora empiezan a traerles con 10, y pueden venir hasta los 12 o 13, que son los que tiene Mahfud, así que es el último año que viene", reconoce Mireia. Él reconoce que le da pena, pero que lo va a aprovechar. Irán a Barcelona a ver al hermano de Mireia, a casa de su padre en un pueblecito de León, a Burgos a casa del suegro de Mireia... Son siete años en los que se ha ido acoplando a los planes que ellos tenían y como tal ha compartido su vida. "Es curioso, cuando hemos hablado por teléfono, que te pregunta por cosas que han sucedido mientras ha estado aquí. Es verdad que son dos meses, pero 60 días dan para mucho. Por ejemplo, me acompañó a mirar casas cuando me independicé, ha venido con nosotros a bodas, ha estado en nacimientos", recuerda Mireia.
En lo que respecta al futuro, aún está por descubrir. "Yo le digo que la vida da muchas vueltas y que nunca se sabe. Por lo menos el vínculo no lo vamos a perder. Él sabe dónde estoy yo y yo dónde está él", explica Mireia. Lo que sí se acaba, por lo menos por ahora, es la acogida. "No me planteo traer a otro niño el año que viene. Considero que se termina la aventura de Mahfud y la nuestra, de momento, también. Pero eso no significa que se me olvide la causa saharaui, porque seguiré apoyando de otras maneras. Ahora creo que he pasado esa etapa y me toca la maternidad propia", concluye Mireia.
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