Discapacidad e inclusión

'Inclusive Smart School' pone la tecnología al servicio de las personas con necesidades educativas especiales para potenciar al máximo sus capacidades.
05 de Febrero de 2015
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Una escuela pensada para 'todos'

Aulas que dan respuesta a las diversas necesidades educativas que puedan surgir entre el alumnado. Esta podría ser una definición resumida del concepto "Inclusive Smart School", el proyecto de escuela inclusiva en el que está trabajando actualmente el centro de excelencia eHealth Innovation Centre EIC BBK, encuadrado dentro de la Fundación Síndrome de Dravet.

"Inclusive Smart School es un proyecto de escuela en la que puede caber todo el mundo, independientemente de la diversidad que tenga. Algunos tendrán necesidades educativas especiales, otros tendrán realidades de otro tipo, pero todos tienen que convivir en un sistema educativo, y la educación y la escuela se tiene que adaptar a la situación de estas personas diversas porque diversos somos todos". Así explica la iniciativa  Luis Miguel Aras, director de la Fundación Síndrome de Dravet.

Además de este concepto inclusivo,  la utilización de la tecnología al servicio de las persona es otro de sus pilares básicos. "Buscamos que a  través de esas tecnologías se potencien sus capacidades y se disminuyan sus discapacidades".

Kinect, mesa interactiva, simuladores...

Para entenderlo nada mejor que algunos ejemplos de lo que se puede hacer en la 'garapen gela' que han instaurado en la ikastola Azular Lizeoa. De hecho, para  incentivar el proyecto y que colegios, empresas o instituciones se animen a conocerlo y a ponerlo en marcha está previsto organizar visitas guiadas a dicha aula la ikastola.

"Lo que permite el aula es que las personas con necesidades educativas especiales puedan acudir a ella en solitario o con el resto de su clase. Allí tienen un ambiente en el que pueden trabajar tanto de forma individual como conjunta, pero pueden estar todos en el mismo aula", remarca Luis Miguel Aras.

Está estructurada de manera que se puedan dar clases en grupo. "Por ejemplo, podemos tener gimnasia con Kinect, ciencias con la mesa interactiva... Hay niños que no pueden correr una hora por el patio porque al minuto convulsionan, o porque están en silla de ruedas y, sin emabargo sí pueden hacerlo delante de una Kinect , sintiendo que están participando en la Behobia San Sebastián"

Pero no es la única posibilidad, "también habrá niños que no puedan meter un gol en un partido de fútbol, pero puedan hacerlo a través de una mesa interactiva. Ysi lo llevamos a temas más serios, alguien, por ejemplo,  puede no hacerse bien a la idea de cómo es la Mezquita de Córdoba, mientras que a traves de un juego de inmersión puede sumergirse en la propia mezquita y ver cómo es por dentro", detalla el experto.

El aula tiene dos Kinetc, controladores que permiten a sus usuarios nteractuar con una consola sin necesidad de tener contacto físico con un controlador de videojuegos tradicional. También cuenta con una mesa interactiva, tablets, ordenadores, móviles...- Se trata de utilizar todo ello con los llamados   'serious games', "que en algunos casos son juegos dirigidos a la estimulación y en otros a aprender todo tipo de cosas".

"Un aula -resume Aras- que aumente el potencial de cualquier alumno, en especial de los que tienen necesidades educativas especiales, ya que a través de esa serie de recursos educativos puedan hacer actividades de alto nivel"

Un proyecto viable en cuatro fases
Eso sí, el proyecto no se queda sólo en la adecuación de un aula, sino que busca cambiar toda la filosofía del centro educativopor lo que ha estructurado el proyecto en cuatro fases. "La Fundación Síndrome de Dravet no hace grandes proyectos utópicos y se sienta a esperar a que los políticos cambien las cosas,  sino que hace pequeñas fases que demuestren el argumento. principal ".

La primera de ellas es el aula de desarrollo mencionada, que puede ser replicada por el resto de colegios de Euskadi, sin que todas tengan que ser iguales.  "Cada colegio lo puede aplicar a su curriculum. No tiene tampoco que tener los mismos componentes. De hecho, la sensación que tenemos es que aunque construyas un aula hay muchas posibilidades de que traspase al resto de la escuela. El aula de integración es la forma de dar el salto".

La segunda fase consiste en detectar las disfunciones a edades tempranas. Usar la tecnología para diagnosticar dislexias, problemas de atención, problemas motores... "El aula está probando ya tecnología para detectar dislexia, trastornos de atención y otras patologías mediante tecnología kinect y realidades virtuales. Así,  ya no hay que ir a pasar un test de un psicólogo, puedes ponerles el juego en clase a todos los que tengas dudosos y así derivar a los que realmente tienen el problema".

La tecnología se abaratará y llegará a los centros
Esta tecnología está ya entre nosotros, otra cosa es, como afirma el responsable de la Fundación Dravet, "que hasta ahora no le hayamos visto potencial porque no se invierte en tecnología en la educación". Sin embargo, es optimista. "Llegará. Ahora mismo muchos de estos productos son caros, pero cuando consigan abaratarlos los tendrán todos los colegios", afirma Luis Miguel.

Con sus compañeros desde casa y desde el hospital

Otra de las fases de la Inclusive Smart School es la integración escuela/domicilio/hospital para niños que pasan periodos largossin poder acudir a las clases. "El sistema actual es poco flexible. En algunas comunidades dan la opción de elegir entre acudir a clase o que el profesor vaya a la casa del niño, pero hay que elegir la modalidad, casa o escuela. Por lo tanto, ¿qué pasa con esos niños que pasan un mes en casa o en el hospital y un mes en el colegio? Que se pierden la mitad", reconoce Luis Miguel Aras. "Este proyecto busca demostrar que la tecnología puede dar valores diferentes a los tradicionales. Cuando un niño está en casa porque tiene un problema inmunitario o porque tiene cáncer ¿qué es lo que echa de menos de la escuela? El relacionarse. Lo que necesita no es saber los deberes que hay,  sino ver la cara de los amigos", asegura.

"En Atlanta hay un niño que no puede acudir a clase porque tiene muchas alergias y no sale de casa porque enferma, así que han puesto en su clase un robot casi de estatura normal que él maneja desde casa. Esto significa que si el robot mira a la derecha ve al compañero de la derecha, que si el de la izquierda le dice algo en bajo él lo escucha, que puede tirar una bola de papel al de al lado, que si el profesor le dice 'fulanito sal a la pizarra' él sale a la pizarra, que cuando cambian de clase y se ponen todos en fila su robot va en fila... Eso es integración, eso es lo quiere el niño, poder ver a sus amigos, hacer una gamberrada de vez en cuando, que la profesora le hable a él", valora Luis Miguel.

Tal vez lo de "poner robots en las clases no acebe de cuajar, pero quizás empecemos con un servicio de cámaras y audiovisual avanzado. Que dé sensación de inmersión, que parezca que estás dentro de la clase. La idea de fondo es conseguir que alguien que está fuera se sienta dentro del aula".

Desarrollo de software por parte de las empresas
Por último, la cuarta fase resulta fundamental para el desarrollo de todo el proyecto, animar a las empresas a que desarrollen software, ya que de momento no existen muchos recursos. "Hay empresas que nos han donado material que lo usaban en otros sitios y quiren probar si sirve también para detectar  problemas cognitivos en niños". 

El concepto Inclusive Smart School "tiene un potencial inmenso lo mires como lo mires. La implantación del aula ha generado un gran expectación por las posibilidades que la tecnología genera en estos campos", asegura Luis Miguel. "El aula puede copiarse en todo o en parte , e incluso pueden hablar con la Fundación y que nosotros se lo hagamos".
En cualquier caso, y si el presupuesto no llega para todo siempre tenemos la posibliidad de empezar a probar con kinect, "una tecnología que cuesta 300 euros". La Fundación Dravet estaría dispuesta a facilitar algunos juegos para que descubran todo su potencial.





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