Iniciativa solidaria

Kimo-Kap nació hace un año con el objetivo de facilitar a los niños los efectos de los tratamientos oncológicos. Para ello regalan gorros alegres pensados y diseñados específicamente para ellos.
27 de Mayo de 2015
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Cabezas 'pelonas' cubiertas con amor
Uno de los pequeños 'pelones' con su Kimo-Kap.
L. FERNÁNDEZ | Hace ya un año que nació el proyecto Kimo-Kap, una iniciativa, a priori sencilla, que logra devolver la sonrisa a los niños que se encuentran en tratamiento oncológico. Todo surgió de la manera más natural. En marzo de 2014, durante unos días de calor primaveral cuando Jeanne entró en la sala de espera infantil de un hospital madrileño vió que allí aún había calefacción y según fueron llegando los menores se fueron quitando sus gorros de lana calentitos descubriendo un grupo numeroso de 'pelones'. Ella pensó que parecían mariposas en una de sus fases de desarrollo, "oruguitas y orugones" y se le ocurrió ayudarles en esa etapa de su transformación haciéndoles gorros graciosos, alegres, divertidos y fresquitos para los meses de más calor. Poco a poco, juntó a un grupo de personas que se encargaron de crear los patrones y los diseños; y por supuesto decidieron el nombre. "Kimo-Kap, significa gorro de quimio y tiene 7 letras, como los colores del arco iris, por eso las letras del logo están pintadas en esos colores y lo cierra el lazo dorado, imagen del cáncer infantil", explican desde Kimo-Kap.

La base de Kimo-Kap es sencilla. Elaboran gorros reversibles que regalan a los niños en tratamiento oncológico de hospitales de toda España. ¿Y por qué son reversibles? "Porque un niño de 7 años dijo que el lado liso era perfecto para las mañanas 'lisas', y según vaya pasando el día se podría cambiar al lado colorido y alegre para mostrar al mundo que se encontraba mejor".

Kimo-Kap País Vasco
La iniciativa ha ido creciendo en este año y se ha extendido por 18 comunidades autónomas e incluso se ha internacionalizado y llegado a México. Una de las comunidades a las que llega es el País Vasco, donde Jobana en Bizkaia, Lourdes en Gipuzkoa y Zuriñe en Álava, se encargan de hacer llegar estos gorros solidarios a los 'pequeños pelones' que siguen sus tratamientos en los hospitales vascos. "Cuando mi hijo tenía apenas 3 años le detectaron leucemia, así que cuando descubrí el proyecto, empecé a coser gorros para enviárselos, pero mi mente fue más allá y me planteé cómo poder traer la iniciativa a Bizkaia", explica Jobana. Aunque su pequeño ya estaba curado Jobana, junto con otras mujeres, decidió dedicarse a ayudar a aquellos que están pasando por lo que ella pasó. "Empezamos a recaudar donaciones y costureras el 28 de junio del año pasado y cómo sería la repercusión que el 31 de julio teníamos todos los hospitales del País Vasco cubiertos", reconoce. Durante el invierno han ido cosiendo "para tener listos gorros para primavera. Ya hemos hecho una primera entrega, pero por desgracia se necesitan más porque entran niños nuevos casi a diario, así que no podemos bajar la guardia y toda ayuda es bienvenida".

Formas de colaborar con Kimo-Kap
Quienes deseen colaborar con Kimo-Kap lo pueden hacer de diferentes formas. "Pueden donarnos telas, comprar bolsas de celofán, imprimir etiquetas o difundir el proyecto. Y las que sepan coser y se animen pueden confeccionar gorros ya que contamos con un tutorial y un patrón y aunque el primero resulta complicado, el segundo sale solo. Es mucho más fácil de lo que parece", asegura la delegada de Bizkaia. Los confeccionan en tres tallas, de S de 0 a 3 años, M de 4 a 8 años y L de 9 años en adelante. La tela debe ser 100% algodón "es un requisito imprescindible" y hay que intentar que tenga "las menos costuras posibles, por eso la cinta que va por la frente y es para atarlo va en una sola pieza".

A la hora de enviar los gorros o los materiales antes se encargaban los propios donantes pero, ahora, cuentan con "una tienda o sitio oficial de recogida en cada pueblo, o por lo menos en muchos, y así, de vez en cuando, me doy un paseo largo, me recorro todas y los recojo, o incluso las dueñas de las tiendas, además de todo lo que ya hacen por Kimo-Kap, pagan también los envíos. La verdad es que  no te das cuenta de cuantas personas buenas hay, hasta que te metes de lleno en un proyecto como éste", agradece.

Y por supuesto "los niños están encantados con sus gorros. Cuando lo pasamos nostros, Alain llevaba una gorra, pero no le tapaba nada, el sol le hacía daño y encima siempre tenía la mirada de la gente clavada. Ahora con estos gorros están a gusto, sin sol y sin mirones. Y ¡les queda de bien a todos!", recalca Jobana. "Ellos tienen ganas de reír, de jugar y de sentirse bien y Kimo-Kap lo que quiere es fomentar lo que hay dentro de ellos y su magia, porque tienen mucha magia", concluyen desde Kimo-Kap.
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