Crisis de refugiados

Shadi Saleh, emigrante sirio, explica la situación del país antes de la guerra y critica los complicados procesos burocráticos para traer a su familia
01 de Octubre de 2015
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LANDER GASTÓN | Shadi Saleh es sirio. En 2008 emigró de su Latakia natal en busca de un futuro mejor con Europa como destino. Tras pasar alrededor de medio año en Holanda, donde ejerció como repartidor de periódicos, viajó a a Valencia confiado en conseguir una mejor oportunidad para desarrollar un plan de vida. Las condiciones en Siria no eran las idóneas, pero distaba mucho de las actuales, "donde se juegan la vida a bordo de pateras y trenes". Shadi tuvo la oportunidad, junto a su mujer, Bakistan, de coger un avión y emprender el viaje que diese un giro a su humilde situación.

"Nadie se salva"
Por aquel entonces, en Siria convivían varios grupos religiosos entremezclados. La diversidad se contaba por: "alauíes, cristianos, suníes o kurdos", recuerda Shadi, quien no tiene conocimiento de revueltas pese a compartir cafeterías, calles o estaciones. "Todos nos respetábamos", afirma. Hoy en día, la situación es bien diferente. Él culpa a Turquía, Arabia Saudí o Estados Unidos del conflicto armado que está cobrándose miles de víctimas y desplazados. "¿Por qué Arabia Saudí tiene que adentrarse en Siria?¿Qué interés hay?", se pregunta. Las consecuencias son rápidamente percibidas. "Nadie en Siria se salva". Como otras tantas familias, la de Saleh ha sufrido la guerra en sus propias carnes. Su hermano o su primo son claros ejemplos, ya que fallecieron en el conflicto. Es por ello que se mantiene en vilo las 24 horas y procura tener una conexión telefónica diaria con sus allegados. Shadi culpa a los radicales. "Durante años hemos vivido diferentes grupos étnicos sin problemas. Actualmente, los radicales tienen su objetivo en los alauíes".   

Apoyo social
Como otras tantas personas que huyen de sus países, Shadi acudió a CEAR -Comisión Española de Ayuda al Refugiado-, primero en Cullera, y a partir de 2010 en Bilbao, en busca de un apoyo social. La misión de esta organización es defender y promover los Derechos Humanos y el desarrollo integral de las personas refugiadas, desplazadas, apátridas y migrantes con necesidad de protección internacional o en riesgo de exclusión. De esta forma, "a través de fomentar la inclusión social con trabajo, se denuncian las causas que han motivado la emigración a los refugiados, garantizándose una protección", afirma Raquel Celis,  coordinadora de Incidencia y Participación Social de CEAR-Euskadi. Shadi y su mujer encontraron, gracias a esta ONG, un sustento en el que apoyarse tras su llegada, "motivado por la oportunidad de trabajo en el sector de la agricultura", como principal razón, resalta.

Una nueva oportunidad
Sin embargo, Shadi se encontró en Valencia con una coyuntura económica española lejos de ser la ideal. Unido a su desconocimiento del castellano, encontró en la organización "un refugio con el que poder subsistir gracias a una subvención de 300 euros mensuales y la posibilidad de residir en un piso concedido por CEAR". Mientras tanto, tuvo la oportunidad de que le guiaran, aconsejaran y formaran para escribir de manera óptima  un buen curriculum y poder realizar correctamente entrevistas de trabajo. "He realizado muchas pero no he tenido, a fecha de hoy, oportunidad de trabajar", se lamenta. Menos de un año después de su llegada a Valencia, guiado por las recomendaciones de un "conocido", optó por trasladarse a Bilbao. "Confiaba en una nueva oportunidad", asegura.

Una vez agotadas las ayudas económicas por parte de CEAR, Shadi y su familia tuvieron que recurrir a los ahorros "de toda la vida", gracias al trabajo realizado durante años en una fábrica textil del país árabe. Además, en 2011 nació su segundo hijo, por lo que los gastos aumentaron. Desde entonces, viven gracias a una renta de 1.100 euros mensuales concedidos por el Gobierno vasco, con los que él, su mujer y sus pequeños pueden hacer frente a las facturas mensuales. Mientras tanto, Shadi ha alternado sus clases diarias de castellano con entrevistas por toda la geografía vasca, aunque sin suerte.

La preocupación aumenta
Las últimas noticias sobre su país de origen no dejan de crecer y la preocupación aumenta. "Los datos no son especialmente positivos", reconoce, "y la situación en la que se encuentran los padres de Bakistan es delicada". Octogenarios y con problemas de salud, la tensión que se vive en Siria les impide conseguir toda la documentación necesaria para un viaje a España a lo que además hay que sumar los lentos procesos burocráticos. "La embajada necesita un periodo de más de medio año para decidir una respuesta, ya sea positiva o negativa, sobre la admisión a trámite", resalta preocupado. Dicho de otro modo, el Gobierno tarda más de 6 meses en dar una respuesta, y esta no tiene por qué ser positiva. De no aceptarla, el refugiado estaría residiendo en condiciones irregulares en el estado, siendo el tiempo de espera uno de los principales escollos. "Tarda alrededor de ocho meses", explica Ceris. Este es el caso que viven los padres de la esposa de Shadi y del que no recibirán notificación alguna hasta enero, un hecho que causa miedo a toda la familia y el cual critica Shadi sobre todo al enterarse del caso de Osama Al Mohsen, el hombre sirio agredido por la periodista Petra Laszlo junto a su hijo delante de las cámaras, cuyos familiares serán trasladados a Madrid, desde un campo de refugiados turco y del que además, "tendrá la facilidad de encontrarse con un empleo". "Llevo luchando con la embajada meses para traer a mis suegros y a este hombre, por salir en los medios, le ponen facilidades", se queja.

Las cifras
Pero quien tiene la última palabra es el Ministerio del Interior. Con 5.947 solicitudes de asilo concebidas en 2014, España se sitúa a la cola de Europa, lejos de Alemania, con más de 200.000; Suecia, con 81.000; Italia, con 64.000; Francia, con 62.000; Hungría, con 42.000; y Reino Unido, con 31.000. De hecho, "este último año, con los conflictos de Siria y Ucrania, ha sido el que mayor índice de crecimiento ha experimentado", indica Celis. Entre los principales afectados, 1.679 solicitudes de asilo corresponden a sirios, 946 a ucranianos, 620 a malienses, 309 a argelinos, 209 a palestinos y 144 a pakistaníes. Para el sistema de acogida, dos son las variables. Conocidas como 'Estatuto de Asilo' o 'Estatuto Humanitario', "el primero de estos reconoce la total protección de las personas, siendo la no devolución el principal derecho. El Estatuto Humanitario sigue ofreciendo una protección aunque en menor garantía", señala Celis.

No se sabe qué sucederá en el futuro más inmediato. La realidad es que no únicamente Siria está viviendo un conflicto importante. "Chad, Mali o la República Democrática del Congo son algunos ejemplos de países en los que la población está sufriendo las continuas represiones del Gobierno y de grupos armados", cita Iñaki Ramírez de Olano, miembro del área de Incidencia y Participación Social de CEAR-Euskadi. "Son guerras que pese a no publicarse en los medios, siempre están ahí", concluye.
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