Personas sin hogar

La plataforma para visibilizar la situación de las personas sin hogar, Beste Bi, cumple 10 años dispuesto a seguir mostrando una realidad que demuestra que "el sistema no funciona"
11 de Mayo de 2016
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Un bastón en el que apoyarse
Joseba y Patxi en Giltza.

L. FERNÁNDEZ | Patxi ha tenido una vida dura, de eso no cabe duda, pero hay algo en su mirada y en su forma de sonreír que deja entrever aún cierta inocencia. Da la impresión de que su situación de desamparo no ha minado sus ganas de vivir ni le ha quitado la bondad que transmiten sus gestos, sus palabras y hasta sus silencios. Patxi es uno de los 27 residentes de Giltza, el programa asistencial de Cáritas para personas sin hogar, que no sólo ofrece un techo a quien más lo necesita, sino también una mano, un bastón en el que apoyarse para avanzar en su proceso vital. "Esto es un servicio de acompañamiento, que disponemos de herramientas de alojamiento, pero es más el trabajo que se hace que la residencia en sí", explica Joseba Gaya, responsable del área de personas sin hogar de Cáritas Bizkaia y portavoz de Beste Bi.

Cuando Patxi llega a Giltza a través del hospital de Bermeo, estaba roto, "había hecho crack". Tras la separación de sus padres se había hecho cargo de su ama, enferma y que dependía de una máquina para respirar debido a un efisema. "Entonces yo trabajaba cubriendo bajas y vacaciones y nos llegaba para pagar el alquiler y la factura de la electricidad que era muy importante por el tema de la máquina. Llegábamos justos pero llegábamos. Pero un día me quedé sin trabajo", recuerda Patxi.

Entonces no existía la red asistencial y de ayudas que hay en estos momentos y Patxi se vio obligado incluso a tener que rechazar algún trabajo para poder atender a su madre. "Cuando trabajaba, sobre todo hacía noches ya que así podía dejar a mi madre dormida y luego pasar el día con ella". Aunque al principio le ocultó el problema a su madre dada su delicada salud, un día empezaron a llegar las facturas devueltas y Patxi vivió uno de los peores momentos de su vida. "Llegué a casa y se había tomado una sobredosis de medicación. Le hice la reanimación cardiopulmonar que por suerte conocía y llamé a emergencias. Pensaba que la perdía", rememora con emoción. A partir de ese momento, los problemas que ya tenía Patxi se intensifican y a la enfermedad de su madre se une la de su padre, a quien diagnostican sindrome de Huntington. "Como es una enfermedad hereditaria nos hicieron pruebas a mis hermanos y a mí y vieron que yo soy portador y que puedo padecerla en cualquier momento", lamenta. Esta espada de Damocles unido a diferentes episodios y malas decisiones le hicieron querer escapar de la vida en lugar de afrontarla y pasó varios años "haciendo el canelo", hasta que ingresa en el hospital.

"Allí hicieron una buena lectura de la situación de Patxi, contactaron con nosotros y vimos que podíamos participar en su proceso de mejora", detalla Joseba. "Además, entonces Patxi ya no tenía un domicilio al que volver, era o estar en el hospital o aquí, o buscarse la vida y mantuvieron un poco el momento del alta para que pudiera entrar aquí cuando hubiera una plaza libre", reconoce.

Ahora mismo, Patxi ha encontrado en Giltza los apoyos que necesita y que por circunstancias no ha encontrado en su familia. "El peso que se intuye de todo lo que cuenta es el que dirige su vida. Nadie tendría que haberlo vivido y Patxi tampoco. Lleva cargas desde niño que no tendría que haber tenido, que le han hecho afrontar la vida o desaparecer de la vida que también le ha pasado, pero es verdad que está haciendo un buen proceso aunque los últimos tiempos están más marcados por la enfermedad y eso será la tónica en el futuro", lamenta Joseba. Y es que aunque Giltza es un proceso de acompañamiento, para Patxi es complicado. "Es una lucha interna porque tú te planteas que quieres vivir más independiente y tengo rachas en las que pienso que en un piso de alquiler social estaría muy bien pero luego me planteo ¿y si eso llega cuando empieza el deterioro...? Y yo no sé cuándo va a ser", comenta Patxi.

Proyecto Giltza

Dentro del área de personas sin hogar de Cáritas existen diferentes proyectos entre ellos Giltza, que supone el servicio de acompañamiento y residencial, y que cuenta con 27 plazas en residencia y 18 en pisos; el centro apostólicas que incluye servicio de comedor y lavanderia; Lurberri; Etxepel en Durango; y en Margen izquierda el comedor de Barakaldo y Giltza Ezkerraldea . El proceso que realizan con cada persona dependerá de sus propias necesidades. "Intentamos facilitar que el tiempo que pasan con nosotros sea una etapa. Que la persona pueda ordenar su situación, que esté documentado, que tenga su tarjeta sanitaria... que pueda ir elaborando su futuro. Hay quienes sólo nos piden reunirse con nosotros un vez cada quince días o al mes, para tener una persona de referencia que le oriente sobre lo que va viviendo. Pero sí que hay personas que por su situación de sin hogar necesitan un lugar de residencia", detalla Joseba Gaya. "Cada persona está en un momento diferente y tiene necesidades diferentes, nosotros servimos de bastón para que tiren para adelante. Hay gente que necesita un año o año y medio y otros que sólo necesitan 6 meses... Hay personas como Patxi, en las que hay enfermedades de por medio, que no tienen un espacio para poder hacer una vida más autónoma y nosotros trabajando con la parte médica buscamos la forma de que estén lo mejor posible. Hay personas que con cierta edad no van a encontrar trabajo, por ejemplo. Hay quienes los años de calle y de exclusión les ha generado una situación que ahora no les permite trabajar, entonces intentas que su situación sea la mejor posible; y si cuando salen de aquí necesitan algún otro tipo de apoyo se les busca".

En el caso de las personas inmigrantes, se atiende más a aquellos a los que el proceso migratorio ha afectado y no son autónomos. "En los servicios que tenemos excepto en el comedor que está más equilibrado, hay un 70% de usuarios autóctonos y un 30% inmigrantes. Pero es que estos lo que han vivido es un proceso migratorio y ahora están buscándose la vida, pero a los que nosotros atendemos es a los que les cuesta conseguir una estabilidad", comenta Joseba. "Aquí tenemos una convivencia estupenda y no tenemos el concepto de que viene de fuera, somos compañeros en la misma situación o similares. Hay quien piensa que los inmigrantes se quedan enquistados y yo conozco gente de todos los países que lo que buscan es la rapidez, aprovechar el tiempo, no quedarse esperando que se lo den todo sino continuar su camino", aporta Patxi.

Beste Bi: 10 años visibilizando una realidad

Cuando se creó Beste Bi hace una década se hizo con un objetivo claro: dar voz y visibilidad a las personas en situación de sinhogarismo. "Vimos que el eco mediático no es mucho y cuando se da no es positivo y queríamos mostrar otra cara. Porque es verdad que no gusta ver esta cara de la sociedad ya que es la que demuestra que el sistema no funciona", recalca el portavoz.

En estos momentos hay 21 entidades que trabajan con personas sin hogar dentro de la plataforma, entre ellas las administraciones públicas, "con quienes tenemos que trabajar codo con codo para minimizar las situaciones de sinhogarismo. Que no haya nadie en la calle es complicado pero sí que hay que intentar que sean los menos posibles".

Además, como demuestra el caso de Patxi y el de muchos otros, es una situación que le puede pasar a cualquiera. "Hay ciertas cuestiones que convergen, pero nuestra estructura social no está preparada para soportar cuando un miembro de nuestra sociedad cae. Culturalmente sigue habiendo un hueco. La exclusión es parte del sistema, falta crear otro tipo de lazos", afirma Joseba.

También los años de crisis han influido en este tema. "No sé si con la crisis ha aumentado la cifra de personas sin hogar pero sí es verdad que se han puesto en marcha más servicios y más plazas de atención, y el número se mantiene, por lo que algo hay. Para lo que sí han servido los años de crisis es para ir rompiendo garantías y dificultando acceso a derechos con lo que es más difícil el que haya alternativas para salir adelante. La gente tiene que hacer procesos artificales y quedarse artificialmente en los servicios porque no hay opciones después. Es complicado acceder a alquileres, el trabajo está como está, el reciclaje también es difícil... la brecha entre los que más tienen y los que menos se va haciendo mayor... y despues de todo el proceso que se ha llevado muy bien y ahora están en condiciones de tirar para adelante se encuentran que no pueden", se apena Gaya.

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